GUADAMUR, O RIO DE PASO DE AGUA QUE CURA

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(Los artículos "Una niña que se llamaba Mozambique" y "Guadamur, o Río de paso de agua que cura", aparecerán próximamente en los programas de fiestas de la Virgen de la Natividad y del Cristo de la Piedad, del pueblo de Guadamur, Toledo).

VOY a hablar de Felismina todavía. ¿Pues éste es un programa de fiestas, no?

       Fiesta de verla con el brazo limpio. Fiesta de que haya piel para que le dé el sol. Fiesta de tener dos brazos, de nuevo. Fiesta de cosas que no deberían ser fiesta, deberían ser cotidianas, pero para ella son de día especial, vuelve a poder volar con dos alas. Fiesta es esto.

       Fiesta de que haya personas en mi pueblo que viajan a mi casa, que es un pedazo de África, vivo ahora porque está Felismina, a darme ayudas para la niña y para los que necesitan tanto como ella pero no pueden venir a España. Fiesta de que se hagan festivales benéficos gracias a personas de mi pueblo, y de que me pidan huchas para ponerlas en sus tiendas. Fiesta de ver qué difícil es recaudar cada céntimo de euro y cómo sin embargo cada céntimo es útil. Fiesta que te deja sin fuerzas, te agota, no te deja dormir, pensando, actuando para ellos. Fiesta que te alegra el corazón, aunque tu corazón pida siempre más pues toda ayuda para ellos es poca siempre. Fiesta que te alegra mucho, sí, pero que también te duele, cuando te sientes torpe por no saber llegar a más gente, y más dentro a la gente, porque hay muchos, por desgracia, que no aportan nada a esta fiesta.

       Para llegar hasta ellos, porque tengo aquí mientras escribo a Felismina y no puedo callarme, quisiera ser más profundo escribiendo. Quisiera ser tan duro que cada palabra fuese una piedra que pesase tanto que el papel no pudiese sujetarlo una persona sola; quisiera que esta persona llamase a otra, con urgencia, porque si no el papel le aplasta el pie, para solicitar su apoyo; quisiera que ésta llamase a otra, y a otra, y a otra…. así sucesivamente, como en la canción de un “elefante se balanceaba sobre la tela de una araña, y como veía que no se caía fue a llamar a otro elefante…”, hasta que entre todos pudiesen sostener el papel. Quisiera que fuese tal la magnitud de unas palabras humildes, mediterráneas, de meseta, unas palabras de mi pueblo, que sólo pudiesen aguantarla cuando están todas las personas del mundo en el mar del centro de la tierra que es el hombre, juntas en la misma labor. No es duro escribir, es duro ver, es duro vivir. Lo duro es callarse. Lo duro es pensar: no voy a decir mucho por si acaso me paso y le caigo mal a alguien. Yo prefiero pasarme y que todo Guadamur piense: mira éste, ¿quién se cree? Prefiero que nadie me salude por mi pueblo, que mis amigos dejen de llamarme, que mis padres se sientan mal por mi culpa, antes que tragarme algo tan importante, aunque pueda estar equivocado. Pero no creo equivocarme, puesto que sólo hablo de una cosa muy fácil que no se le escapa a nadie: aquí nos sobra, allí les falta. Y si decimos que aquí están difíciles las cosas, ¿allí cómo están entonces?

       Aunque todo el mundo me dice que soy muy sensible, que tengo un corazón que no me cabe, o que ya se me pagará lo que estoy haciendo, no es verdad, pues yo no hago casi nada del todo bien. Ver que los niños de Mozambique se mueren y querer evitarlo en lo posible, no es ser sensible, es simplemente no estar ciego. Ponerse nervioso porque se puede hacer algo no es salírsete el corazón, sino simplemente estar con un mínimo soplo de vida. Querer hacer algo porque no puede no hacerse, por tanto, hacerlo gratis o a tu costa, no es esperar recompensa, es hacer las cosas así porque si no no tienen sentido. Aunque yo soy creyente, no lo hago por si recibo o no recibo nada después. La verdad, lo recibo ya desde aquí, que es donde lo hago, en los niños que se ríen en Mozambique. Ésa es la recompensa que espero ahora, y se la pido a los hombres que quieran ayudarme aquí. La recompensa que Dios da la tenéis vosotros, para que se la entreguéis a quien la necesita. Yo no quiero la recompensa de vuestra sonrisa y de vuestra buena palabra hacía mí. Mi egoísmo quiere una recompensa que se pueda comer. Yo soy egoísta de pan. Dios se manifiesta en forma de pan para los pobres, dijo Gandhi. Dádselo a la gente de allí, y a mí no hace falta que me digáis nada, de verdad. Aunque sí, es cierto que quiero que me quiera todo el mundo. Que mis libros de poemas los escribo porque quiero recíproco el amor que siento por el mundo. Es cierto que es de doble sentido, mi amor; que quiero decir sí con alguien que sea tan azul como la Tierra. Es seguro que pretendo enamorar hasta el último rincón de mi planeta. Es real que quiero cautivaros a todos hacia una luna, no de miel sino de cocos y maíz, en Mozambique, por ejemplo.

       Y soy consciente de que habrá personas a quienes no caigan bien mis palabras, que me tomarán por un salido de tono. No me importa lo que piensen de mí, pero sí que sepan cómo está la parte del mundo que yo he visto. Quiero agradecer a las personas que han aportado todo lo que tenían y podían, echándolo de corazón. Tampoco puedo callarme que con un poco más (iba a decir con un poco más de esfuerzo, pero no, puesto que no nos supone ninguna dificultad) se lograría enviar dinero como para construir una escuela o un centro de salud o nutricional. Guadamur fácilmente podría enviar dinero como para hacer un centro de estos todos los años, ¿imagináis lo que sería esto?

       Felismina está aquí para curarse, no vino para mostrar que es verdad toda esta historia de uno de Guadamur que desaparece a veces por un tiempo, y se lo ve en África soñar. Todo esto era verdad antes de Felismina y lo será también después de ella. Cuando ya no esté aquí, no olvidéis a la niña que se llamaba Mozambique. Guadamur significa "Río de paso", nuestro pueblo es una orilla romana, visigoda y musulmana. El tesoro de Guarrazar lo escondió el suelo de aquí durante siglos, pero ahora tenemos otros brillos que desenterrar, mucho más vivos y hermosos, sí, que los de las coronas más importantes de toda la Edad Media. Felismina tenía el brillo de los ojos en el siglo V, antes de venir a España a curarse, pero ahora, en Guadamur, los está sacando de nuevo a la luz. La Natividad de la Virgen y la Piedad de Cristo, han hecho todo en Guadamur sin conocernos. Ayudemos a todos los niños entonces, aunque no los conozcamos; a África aunque no esté entera en Guadamur; a quienes necesiten de nuestro pueblo aunque no sean ríos de paso al lado de nuestra vida.

26/07/2006 09:23

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Autor: Hannah

Leyéndote siento una imperiosa urgencia de volar a Guardamur, buscarte y, mientras te doy un fraternal y tierno abrazo, decirte desde lo más profundo de mí: G R A C I A S H E R M A N O por existir y ser cómo eres. Gracias y, por muy dura que sean las experiencias que te toquen vivir, no endurezcas tú ni cambies.

Un abrazo enorme desde ese trocito de África que vive en mí, desgarrado pero vivo.

Hannah

Fecha: 27/07/2006 22:57.


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Autor: David

Cuando quieras. Sólo una cosa: en tu vuelo no te equivoques de continente: Guadamur es África, pese a quien pese. No sé si en los Pirineos, pero en mi pueblo, al menos, empieza la tierra que quiero, la del sur.

Es África, mira, hay golondrinas que emigran aquí.

Fecha: 29/07/2006 09:50.


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