un poema de amor en medio de la nada

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TÚ ERAS la Reina de África

                                          rodada en el agua

cuando en la orilla del río

                                          reflejaba tu imagen

un recuerdo a lo Katharine Hepburn.

 

Me acompañabas, buscando salir, por la jungla

de mi corazón como un barco perdido en medio

de la nada que soy yo sin ti.

Mi camisa de rayas y la gorra

de visera de ramas de palmera,

con la luz filtrándose en penumbra, horizontal

entre trópico y ecuador de cada hoja,

junto a los días que pasé sin afeitar,

las manchas de la cara

y la piel expuesta para ti, al sol y al agua sucia,

llevándote río abajo

por cauces de delirio hasta la cintura metido,

me enamoraron de ti

como Humphrey Bogart de capitán haciendo

una película y un sueño que no se puede grabar.

 

Eras el reflejo de los ríos de África cuando los mirabas.

Nada se quedaba allí después de irte.

 

Todo es mar en medio de la nada:

tú eras, aquellos días de mi diario, Karen Blyxen,

al mirar la herida de la pierna de un niño.

Eras los cabellos

que se colorean en los crepúsculos,

las sonrisas de merienda en la montaña

sentada en la hierba, las historias sucedidas

al tiempo que se van contando:

como escribir un poema de amor, como la vida

misma. Y eras el aire entre las nubes llevándote en mi avión,

y el que salía de los violines en los momentos de memorias

de África que ahora respira mi nostalgia.

Y eras el final que tienen los finales tristes,

una ruta por volar,

los leones para siempre

a mi lado a media tarde.

 

Tú eras Tessa Quayle dispuesta a que tu voz

sacara a la luz que llevas dentro,

y sacara injusticias como niños sin cuentos

y sin vasos de leche;

sacara a la luz que la salud del primer mundo

se consigue a toda costa

                                      de los países humanos

enfermos.

Tú eras Tessa paseando por una calle de África

de tierra roja como el principio del cielo

cuando salía el sol para todo el continente

que soy al despertarte tú;

                                         recogía tu pañuelo

el algodón en la cabeza, las manos abiertas como labios

que sonríen,

los ojos iguales a dos ríos.

Yo era el jardinero fiel que te amaba en tu papel,

en los diálogos escritos por mi corazón de tierra y agua,

en la puesta en escena que era África de fondo

aquellos días que me enamoraron de ti,

 

días en que todo es mar debido a ser un náufrago,

 

como un poema de amor en el guión de una película,

como un poema de amor que existe solo en medio de la nada.

21/10/2006 12:58

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Autor: Hannah

¡Qué suerte, poder gozar de nuevo con tu verbo poético y fresco! Aunque todavía tengo límites... Pero todo llegará.
Un gran abrazo, David.
Hannah

Fecha: 10/11/2006 14:33.


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