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04/08/2006
EURO GRACIAS

khanimambo: gracias, en lengua ronga (la que habla Felismina con su abuela de Muhalaze).
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MEMORIA BÁSICA Y PRESUPUESTO, MOZAMBIQUE 05-06:
Algunas personas del pueblo, y algunos de quienes habéis escrito e-mails o llamado por teléfono, pedisteis un presupuesto cuando el trámite de traer a Felismina a España estaba en proceso. En aquellos momentos era difícil, como se dijo, indicar la cantidad que sería necesaria para el tratamiento de la niña.
Pido perdón por no haber informado antes acerca del estado económico de la cuestión Felismina y, más ampliamente, de la supercuestión Mozambique. Lo hago ahora que se cumple un año desde que hicimos el último viaje a nuestro querido sureste africano, para dar un balance transparente acerca del último ejercicio anual.
Para aquellos que sois de Guadamur, también aparecerá esta memoria y resumen de cuentas en los tablones de los establecimientos y demás puntos del pueblo, como han aparecido otras cuestiones en otros momentos.
- Voluntad recogida en la plaza de Guadamur durante las fiestas, 10-09-05: 1.020 euros (que se enviaron al orfanato de Manhica).
- Festival benéfico, 30-12-05: 1.300 €
- Donativo de particular, diciembre 2.005: 3.000 €
- Partido de fútbol benéfico, enero 2.006: 460 €
- Festival de la Asociación de Madres y Padres, 02-07-06: 490 €
- Donativo del Ayuntamiento, 31-07-06: 600 €
- Donativos recibidos de particulares y otras asociaciones: 4.005 €
- Donativos recibidos al número de cuenta que se daba en el e-mail que hablaba sobre Felismina, (a julio 2.006): 2.500 €
Total: 13.375 €
En esta cantidad no está incluido lo obtenido en los 3 mercadillos realizados en Getafe y el mercadillo que se hizo en Cuatro Vientos.
Tampoco está incluido el beneficio que se obtendrá con la venta del libro “Latitud todo sur”, publicado por la editorial solidaria Acumán.
Todos los ingresos están intactos, ya que no ha sido necesario realizar ningún gasto. Gracias a todas las personas que han llevado ropa para la niña, juguetes (demasiados), libros, etc. Los medicamentos los regala la farmacéutica de Guadamur, que está muy comprometida con toda causa solidaria.
El tratamiento de Rita, la otra niña de Mozambique, que está en Bilbao para curarse de su enfermedad, sí ha generado gastos que han sido asumidos por la excepcional familia donde está la niña, la de Ander Mezo, médico responsable de Rita, y miembro de la ONG Aventura Solidaria. Su clínica ha hecho recientemente un envío de material sanitario a la maternidad de Muhalaze, que llegó hace dos semanas al puerto de Maputo.
De modo que los ingresos están intactos. Los billetes (sólo de ida) de las dos niñas costaron en total 3.600 € (vuelos Johannesburgo-Frankfurt, y Frankfurt-Bilbao), sin incluir el vuelo Maputo-Johannesburgo. Fueron tan caros al pedirse tan precipitadamente, ya que los visados se consiguieron así, de la noche a la mañana. Los gastos de trámites burocráticos y de billetes, fueron asumidos por “Aventura Solidaria”, pero era conveniente recuperar ese dinero para no restárselo a otros proyectos de la ONG.
Gracias a Guadalupe, una maravillosa persona que trabaja para la ONG África Directo, es posible que el importe de los billetes de ida de las niñas sea asumido por Fundación Meridional, con quienes habló hace un tiempo. Sería maravilloso, pues sólo habría que pagar los vuelos de vuelta. Hace poco le di a Guadalupe la factura y los billetes de avión, y estamos esperando la respuesta definitiva de la Fundación.
Además, una caja de material escolar donada con motivo del Centenario del Quijote, va a llegar a Mozambique en pocos días, llevada por Marco, un médico de Gijón, amigo de Anabel Llamas. Marco va a trabajar en el puesto de salud de Muhalaze, sustituyendo a Elena, enfermera que se ocupa de él durante todo el año, y que ahora se toma unos días de vacaciones, que se los merece como el sol cuando se oculta por el horizonte para descansar un poco en el otro lado de la Tierra. Espero que la veamos cuando venga para España. Felismina ha hablado con ella por teléfono en alguna ocasión. Elena me ha enviado hace poco un correo donde da novedades sobre la familia de Felismina en Mozambique, que ya os contaré en un próximo artículo.
Por otro lado, nos vamos a poner en contacto con un grupo de ópticos y oftalmólogos de Toledo, que crearon la ONG “Ojos para la vida”, para que en uno de sus viajes vayan por los sitios que conocemos de Mozambique, observando y resolviendo los problemas de vista que se vayan encontrando, sobre todo en niños. Es una asociación que cada año cambia de continente, entre Latinoamérica y África. A Mozambique no han ido nunca, pero sí a África del Sur. El contacto ha sido mediante una persona de Guadamur, que los conoce desde hace varios años. Vamos a hablar con ellos para preparar, si todo va bien, su próximo viaje a Mozambique.
Bueno, y nada más. Sólo dar las gracias a todas las personas que habéis colaborado en estos asuntos, que sois muchas y de todos los sitios de España, prácticamente. Gracias no sólo por colaborar, sino por haber difundido la noticia desde un principio y hacer posible que Felismina y Rita viniesen a España a curarse. Gracias, porque muchos no nos conocíais, y sin embargo confiasteis en lo que se decía en aquel e-mail donde Felismina empezó a ser famosa por la red. Gracias por transmitir este caso de 2 niñas pobres que necesitaban ayuda, de boca a oído; por hacerlo cercano; por implicaros y hacer implicar.
Gracias.
23/08/2006
¿A LA TERCERA IRÁ LA VENCIDA?

El lunes 7 de agosto, Felismina tenía cita para una cura en las consultas externas del hospital de La Paz, donde la están curando de su sur al norte de Madrid. Hacía un mes desde la última operación, la segunda (el 6 de julio), y la seguían observando cada varios días. En esta ocasión fue diferente, porque, de los 5 puntos en el brazo donde le habían realizado injertos (mano, antebrazo, codo, brazo y axila por la parte anterior) había 2 en los que no había prendido la piel (mano y codo) y uno de ellos se había cerrado de mala manera y era necesario abrirlo (axila). La doctora Zoraida Ros, que dicho sea de paso es fantástica (algún día hablaré más de ella), dijo que era necesario meterla en urgencias y operar cuanto antes, así que le di el número de teléfono de casa y me dijo que en un rato, en cuanto organizara su agenda de quirófano, me llamaría para confirmar el día de la tercera operación de Felismina. Además de actuar en las zonas que he señalado anteriormente, también lo iba a hacer en la parte posterior de la axila, donde alguna brida de piel sólo permitía que Felismina levantara el brazo poco más allá de la horizontal de sus hombros.
En esa zona, parte posterior de la axila, consideró hacerle el injerto directamente, sin el paso previo de colocación de “Integra” (piel artificial que le pusieron en las ocasiones anteriores), porque así evitábamos que la niña hubiese de pasar por quirófano un mes después, otra vez, para injertarle la “piel verdadera”. Bien es cierto que sin la “Integra” sucede que la piel de la niña se queda más honda, como un lugar propicio para un charco, se produce una pequeña depresión, una especie de gua, pero lo importante es que esté la piel cubriendo, sea donde sea, como importa que por encima de todo haya cielo, sea sobre el nivel del mar en bajamar o sobre la montaña más alta. Dolía que la capa de ozono del brazo izquierdo de Felismina se fuese perdiendo, a causa de la misma miseria humana que permitió la pobreza que quemó a la niña y que está acabando con el planeta que respiramos. No son planeta los desodorantes ni los tubos de escape, ¡qué desgracia!, sólo es planeta aquello que se puede respirar, y el nuestro es el aire, pensadlo, no la tierra. El nuestro es atmósfera, solamente, y quien no esté de acuerdo, creo que será porque está en la luna.
Poco importa que se hunda un poco la piel de Felismina, ella de este modo será cóncava y convexa. Le quedará feo el brazo, ¡pero qué brazo! ¡qué brazo más vivo tendrá! sólo atañe eso ¡EL BRAZO! ¡Curado! Curado por ética y no por estética. Aunque se achata, “La Tierra es azul como una naranja”, según Paul Eluard. Felismina es azahar como la Tierra, según se emplea en perfumería y medicina, este oloroso bálsamo de niña.
Esta niña que cura lo que mira, como reina Midas de luz. ¿Qué cuentos son esos que hablan de hilos de oro como preciados dones, antes que de ropas usadas pero compartidas con los pobres, a los niños que se educan con palabras doradas que han de serlo por su fondo, no por la forma? ¿Qué cuento es tal sino el de palabras brillantes por el secreto que contienen, aunque escritas parezcan apagadas?
Y Felismina salió del quirófano el día 8 de agosto tocando y convirtiendo todo con su luz. No lloró ni una lágrima, aunque debía de dolerle por necesidad, gracias a que la Antártida de su brazo estaba recuperando la capa perdida. Al salir del hospital lo primero que debiera hacer es enseñarle a plantar un árbol, que ya de por sí es un hijo, ¿y el libro? El libro más bello que puede escribirse es ayudar a que el papel crezca, regado con las letras del agua.
Hasta el viernes 11, que le dieron el alta, veíamos en el hospital los Europeos de atletismo de Goteborg, y le contaba que mi amigo Alberto también dirige un club de atletismo en el pueblo, y ella decía que si Alberto salía en la tele. Cuando ella veía “Los Lunnis”, u otros dibujos, yo leía “Cinco semanas en globo”, para volar sobre África, que la añoro, porque no estoy acostumbrado a no estar el mes de agosto corriendo esas “aventuras solidarias” con Samueles Fergussons y Dicks Kennedys por mi amado Mozambique. Y el miércoles por la noche, aunque ella se durmió pronto, vimos juntos durante un poquito de tiempo la peli de Woody Allen en que es amigo de un escritor, “Todo lo demás”, creo. Y es que ella ya sabe quién es “Budiale”.
Y para acabar, parafraseando a Pavese, sólo decir que Felismina “está viva y todo lo demás es miseria”. No, por favor, no me refiero a que la peli de mi admirado Woody sea cutre, al contrario, me apasiona su cine. Es que en este caso la vida de Felismina es tan arrolladora y suficiente, que la realidad supera a la ficción y a las frases más contundentes. Felismina está viva y su brazo también, gracias a Dios. Es una ocasión “única” para ser felices. No “dividamos” nada, porque el “resto” de la “operación”, si lo hacemos, será miseria.
Un abrazo con la mitad de él vendado, pero más caluroso si cabe.
CULTURA DE ALTURA (el horizonte de Elidio)

(Elidio es el de la derecha)
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La primera vez que oí de él fue el 3 de junio de 2.005, durante la comida, después de una reunión de la ONG para preparar el viaje a Mozambique que se iba a realizar en agosto. Francis estaba con nosotros aquel día y nos contaba historias de la cotidianidad en Mozambique: cómo pervivían las viejas costumbres milenarias entre la población de Muhalaze, cómo hace 2.000 años las cosas allí no podían resultar nada distintas a las de ahora.
Cuando levantaron el centro de salud y el puesto nutricional, crearon unos pequeños huertos alrededor de ellos para que fuesen cultivados por las personas que se beneficiaban de las construcciones. Y se buscó agua a varios metros por debajo del suelo, a demasiados metros para buscarlo a fuerza de pico, y se elevó el agua a un depósito en una torreta, con una placa solar orientada al sur que generaba el trabajo suficiente para, cada jornada, subir el agua exacta, ni más ni menos, que llenaba el recipiente con la linfa a utilizar durante todo el día, para beber, para regar (hay fresas, incluso, y tomates fantásticos), o para los enfermos que acudían al centro. Una placa que podría haber sido esférica, me atrevo a señalar, porque en Muhalaze, cualquiera dirección, izquierda, derecha, arriba o abajo, apunta al sur. En Muhalaze sale el sol por todos sitios, y se oculta por los mismos. Los domingos, al no tirar del agua almacenada, se podía lograr sacar más del necesario, de modo que se hubiese desperdiciado en un lugar donde valía más que el oro, si no se hubiesen regulado los rayos de sol que tenían que trabajar, incluso en fin de semana, para que el agua, una propiedad poco vista, saliera sólo en determinadas cantidades, decía Francis.
Y construyeron el pozo a golpe de compás, redondo como hecho con un vaso hincado, que se llenase boca arriba. Y la placa solar, difícil en Maputo, se pagó desorbitadamente, como si se hubiese sacado al sol de su elíptica. Francis no escatima en sistemas solares para Muhalaze, él mismo es un satélite, siempre alrededor de planetas más pobres.
Y se inauguraron las construcciones de Muhalaze, 20 de agosto de 2.004. Nosotros estábamos allí, pero no conocimos a Elidio. Vimos a la hermana Elena en el centro del corro de las mujeres viejas, bailando y aupándola, vistiéndola con capulanas y abrazándola, con tradicionales agradecimientos iguales, posiblemente, a los que tributaban hace miles de años sus antepasados, quienes hoy se mantienen en un estado de frontera próximo, cercano a la vida de África actual. Quizás la creencia más africana sea el culto a los antepasados, presentes en el aire que circunda.
El jefe del poblado, ataviado con una banda cruzada sobre el pecho, sacrificó una cabra y brindó por ello, para el buen desarrollo del centro de salud y el puesto nutricional.
Cuando, tiempo después, se construyó el pozo, no se realizó ningún ofrecimiento ritual, y por ello, un día que el agua dejó de subir por la pequeña tubería hasta el depósito elevado diez metros sobre el suelo, Elidio pensó que podía ser por aquel descuido en la forma de las tradiciones que él había visto desde que nació. Y se lo dijo a Francis.
“No jodas”, seguramente respondió éste.
La cultura de los pueblos es sagrada, y por eso yo estoy de acuerdo con Elidio: el agua no subió aquel día debido a la ausencia de conmemoración del pozo. Que se hubiese estropeado no sé qué elemento en las conexiones del panel solar es una explicación mucho más rebuscada, y más fría, que no estoy dispuesto a admitir como causa principal de avería. En todo caso, y sin saber yo la verdadera razón de no funcionamiento, pienso que la cultura no es una matemática, y que no se deben abandonar las manifestaciones, bellas además, en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.
Cuando Francis lea esto pensará, otra vez: “No jodas, ¿tú también?”.
Y yo le diré que qué quiere esperar de una persona enamorada de África como es, con sus ritmos ancestrales y sus formas, con sus “cosas” que la hacen casi humana, con sus sencilleces cercanas como de niña especial, y sus realizaciones de arte imperfectas.
Yo arreglaría el problema moderno del pozo, y el antiguo; la conexión estropeada, para que volviese a salir agua, y el ejercicio del teatro, o la danza de la lluvia ascendente, para que el hombre no pierda su única identidad: la de creador de cultura.
Podría ahorrarme todas estas futilidades, pero entonces, sin ambiente, no existiría historia que contar, y África sería sólo un conjunto de piedras sin magia. Algo así como: “Podría ser real y omitir las luchas cruentas entre la caballería y los indios, pero usted quiere que haya película, ¿no?”, como más o menos dijo John Ford, porque la historia verdadera fue la de un pueblo sin piedad exterminando a otro, no la de batallas igualadas donde no se supiese de antemano quién vencería, fácilmente, además. Salvemos las distancias, en este caso.
Y Francis nos contaba esto el 3 de junio, y cómo Elidio, su ayudante, mano derecha, el capataz de las construcciones solidarias que él estaba diseminando por la sabana mozambiqueña, pensaba que, quizás, uno de los motivos de que el pozo no funcionase era lo desagradecidos que se habían mostrado con sus antepasados. Yo no me atrevería a contradecirle, ¿por qué no iba a tratarse de una conjunción de factores?
Si los pueblos que rigen hoy el mundo tuviesen esa sensibilidad, no ya con sus muertos, sino con los vivos, los problemas no tendrían un arreglo mucho más difícil que el del pozo de Muhalaze.
Todos respetamos la cultura de Elidio. Ésa fue la primera vez que escuché su nombre.
24/08/2006
¡MEUS PARABÉNS, ELIDIO! (la boda)
(Diego, David, Elidio y Francis, durante la construcción de la maternidad) .
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Conocí a Elidio el 2 de agosto, en Maputo, yendo a comprar unos cristales para la iglesia que se acababa de construir en Muhalaze.
Era una construcción eficaz, como todas las de “Aventura Solidaria”, que podrían utilizarse para cualquier otra cosa distinta a su función primera. Que nadie se imagine un nártex de acceso, o una pequeña techumbre sobre la puerta principal, ni arcos apuntados, ni de herradura ni de medio punto, ni coro ni crucero. El estilo solidario es más ecléctico que todo, se impone sobre gustos, tendencias, temporadas, es como un árbol en otoño, útil en si mismo, despojado. Allí va la gente descalza como Cristo, en un burro no porque no tienen. Y el que cree no guarda a Dios en preciosos materiales. Si allí hubiese oro (o plata, incluso incienso), Jesús enfurecido, con todas las de la ley, entraría a expulsarlos del templo. Lo venderían para comer, para alimentar el alma. El que cree se lo lleva a su casa en corazón. Nada de objetos, ni vanidades, ni vestidos. Que todo en esta sencillez es un ojo de aguja, y el resto es de ricos, con más volumen (jorobado) que camellos, tan grandes que no pueden, ni agachándose hasta el suelo, entrar por la puerta verdadera a este reino de pesebres.
La iglesia es una nave, paredes de blocos y tejado de chapa, nada más, que se puede construir en un pis-pas. Aquí sí que nacería Jesús a su gusto, no en las catedrales de oro donde se apena y piensa: “¿pero es que no entendéis nada, no ya de lo que os conté, sino de cómo viví?” Y el buey y la mula son el clima de África.
Compramos las vidrieras más baratas del mundo: del color de la luz. Sólo puestas para evitar a los mosquitos. Montó Elidio detrás, en la zona abierta del coche, y nos dirigimos, kilómetros adentro por arenas infinitas, al centro de nosotros: Muhalaze.
Así le conocí.
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Tenía 26 años, uno más que yo, pero me sacaba, así a ojo, una cuarta de grandeza, sino más. Y más esbelto, como el principio de una palma, que siempre te estrechaba con firmeza. Era más alto por fuera y más inmenso por dentro, que cualquiera de mis medidas.
“Aquí, en Mozambique, es difícil que se te cumplan los sueños” (en portugués en el original), decía él. Hacía 12 años que trabajaba en la construcción, aunque él hubiera dado lo que fuera por haber estudiado. “No me gustaba al principio, pero ahora es mi trabajo y me dedico a él con todo lo que puedan dar mis manos”.
Pero no era verdad, en toda su profundidad. Porque dentro de él daban de sí sus manos. No había ido a la escuela casi nunca, o muy poco, pero se ponía a hablar del viento con tanta propiedad que no te dejaba casi respirarlo, o comentaba sobre el mar y veías brillos salados en sus ojos. No es que no quisiera escucharte, es que sólo su voz sonaba, y si se callaba para que tú hablases, sólo te salían silencios. Yo no sé portugués pero entendí perfectamente que a la poesía le llevó la tristeza sentida cuando le abandonó una novia. En este punto, recuerdo que sí hablé, a veces la poesía también es feliz y se celebra. Lo dije, pero no estaba demasiado convencido, porque yo también llegué al verso por la puerta del dolor inaccesible. Es posible que a alguien completamente realizado le dé por la poesía, pero no es el caso más común. La mayoría, al menos al empezar, escribimos porque nos falta algo, no porque nos sobra.
Y Elidio hacía igual las construcciones de palabra, que las de obra: con pasión. Cuando, el 8 de agosto, bajo un sol de injusticia, comenzamos a replantear la maternidad de Muhalaze, Elidio era un torbellino clavando estacas, tirando cuerdas de un lado a otro, sacando ángulos rectos mediante la proporción 3-4-5 de un triángulo rectángulo, con la ayuda de un metro. Dibujamos la planta en el suelo, casi en menos tiempo que una impresora, y quedaba mucho mejor que en la pulcritud del papel, en la rugosidad y en los yerbajos, y en la imaginación de que los niños iban a nacer con más posibilidades de vida gracias a esa arquitectura que, sin embargo, pocos arquitectos firmarían, objetando no sé qué minuciosidad en alguna proporción, o que él no firma una nave de pollos, o un edificio de cubierta inclinada, tan poco moderna, o, como me dijo una vez un profesor ante un ejercicio que resolví con demasiada poca complejidad: “es que es de primera derivada esto que has hecho, no es que esté mal, es que tiene poca chicha, y las futuras generaciones no te recordarían por este edificio, caerías en el olvido por su falta de originalidad.”
Bueno, a otra cosa mariposa, que la arquitectura está después del hombre, y ya hace varios meses que están llegando las cigüeñas a esa nave que ha de ser más fantástica por sus contenidos que por el continente (que si nos refiriéramos a África, sería maravillosa por ambos).
Y Elidio escribe, a pesar de que los sueños es difícil que se le cumplan, sobre todo poemas, verso libre, alguna rima que se cuela de vez en cuando, y cuartetos, su forma favorita.
Y Elidio vive, en Khongolote, en lo más pobre de la tierra, en una choza, en una ausencia, a pesar de carecer de todo, con el orgullo de ser, aunque él no lo sabe, el poeta más profundo del mundo.
Y Elidio no gusta del fútbol, que me lo dijo, sí de la música. Y no puede leer demasiado, ¿en qué biblioteca? Y Elidio es poeta porque es su función, y lo hace a conciencia, destapar la belleza que, si me permiten la hipérbole, saca a relucir desde el corazón de las tinieblas.
Tinieblas de luz, limpias, vacías. Cosas de la pobreza.
No conozco la casa de Elidio, la espero algún día. Allí estarán “Los versos del capitán”, de Neruda, y el poema en que Pablo a su mujer le dice: extirparemos la pobreza del mundo del corazón de los hombres.
Y tú ya lo has hecho, Elidio. La pobreza empieza más allá de tu piel. Mira tu escudo: tiene un baobab, tiene un rinoceronte y una lanza. ¿Has leído “El apellido”, de Guillén? “Yo soy también el nieto, bisnieto, tataranieto de un esclavo. Que se avergüence el amo.”
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Recuerdo la mañana que me fui para Pemba, a 2.000 kilómetros de Maputo. Tú me diste una bolsa amarilla, medio rota, con 3 ó 4 kilos de manzanas, para un amigo tuyo del norte. Me sentí manzano, Elidio, esa mañana. Gracias de nuevo, poeta amigo.
Y luego, meses después, separados por 8.000 kilómetros, me entero que te casas. Creo que en la iglesia de los cristales, en esa nave perdida en el desierto. En sms, decías: “Bom dia amigo estou muito bem as bodas 26 de agosto você esta embitado de certeza estarás aqui para um vinho da rioja”.
Pero la pobreza ha querido que no sea yo quien viaje esta vez. Vino Felismina, que te digo (al oído) eres su amor platónico, como se puede serlo para una niña de 5 años. Dicen que los niños adivinan qué personas los aman, y a Felismina, por ello, al hablar de ti, se le ilumina el recuerdo, no me digas cómo, pero se le ilumina. Lo veo.
Y luego, tú que no gustas del fútbol, me felicitaste cuando España ganó algún partido del Mundial. Ibas con España, como yo voy con tu equipo.
Te leo cada vez que me acuerdo de África, y me gusta no saber portugués, porque lo estoy aprendiendo en verso, de ti. Gracias por tu regalo el último día que estuve en Mozambique, cuando ya en el aeropuerto, llegó Francis con 3 grupos de folios grapados: tus versos. De ti no pude despedirme. Me quedé sin hora, literalmente. Espero que conserves el reloj que ese día di a Francis para ti, hasta que volvamos a vernos, y el tiempo eche a andar, de nuevo, para mí. Sólo los minutos del sur cuentan.
Hace un año ya que no hablamos de poesía. Bueno, tú, porque yo no sé hablar mucho, y menos de poesía. Se me da mal hablar, y aunque tú no puedas leerme esta vez, porque la red de Internet no llega a tu casa, espero que la pequeña carta de mi puño que te va a llegar en unos días, la valores como sólo alguien igual que tú podría hacer: el único regalo no vulgar e imperecedero son las palabras de amistad. El obsequio que va añadido disfrútalo como mejor te parezca.
Y que Francis te deje echar un ojo a la pantalla, que él sí tiene Internet, una mañana, cuando estés en su casa. Si no entiendes algo, que él lo traduzca.
Ya sabéis: brindad los dos el próximo sábado. Yo me acordaré de vosotros, os imaginaré riéndoos. Mandadme también alguna foto.
Nada más, este año agosto ha sido septentrional para mí. Pero volveré por allí en unos días. Habrá un pájaro que no tocará la tierra, ése seré yo. Y un árbol callado -como los que me dan voces a mí- que también seré yo. Como soy bastante incompleto y me falta de todo, estoy pensando escribir el próximo sábado un poema donde sea ambos seres, pájaro y árbol. Sabéis que no estoy demasiado centrado en mí, así que no me costará mucho creerme en el vuelo y en la raíz de Mozambique.
Hasta la vista. Soy David del Sur porque os tengo a vosotros allí, amigos míos.
Francis, un abrazo.
Cuidadme los árboles, los pájaros, vuestra amistad natural.
Que seas feliz con tu mujer y tus hijos: parabéns, Elidio.
26/08/2006
LA MANO DE ÁFRICA QUE PIDO EL 26 DE AGOSTO

A Elidio y su mujer, en el día de su boda.
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Cuéntame cómo ha amanecido
en el último punto cardinal,
si ha barrido el meridiano de los rayos
la sabana con sus pájaros de luz
africana y limpia
(y si el Sur
estaba claro como en mí).
Explícame qué sientes en los ojos
que ven la mañana desnuda de los árboles,
¿a cuántas acacias con mi nombre has invitado
que no estuvieran ocupadas en soñar?
Supongo que alejado un embondeiro
(baobab) de la altura del país, habrá excusado
su ausencia esta vez por sus raíces.
¿Ha bajado el Limpopo desde el norte
a abrazarse a vosotros para unir
hasta el Océano el curso azul de vuestra vida?
No ahorres versos, aunque hoy, precisamente,
la rima de amaros, juntos y silábicos,
a los dos que sois os hace uno
(qué maravilla formar una palabra).
Ya te he dicho otras veces que tú y yo,
que al escribir nuestra amistad nos queda acento,
presentamos, con rumor de poesía,
a dos idiomas que se hicieron el amor.
Quisiera saber, además de en español,
cómo te ha escrito, este día que te casaste,
la naturaleza de África, desde su verde intimidad.
Pues supongo que ella te habrá dicho todo esto.
Estoy enamorado -lo sabes ya- a ver si tú
puedes convencerla para que, en fin, me espere
hasta el día que yo logre prometerle
una vida mejor.
Dile a África que la quiero; que no dejo de escribirle.
En este día de tu boda, amigo, cuéntame
cómo ha amanecido ella con sus pájaros;
me he pasado los últimos tres meses
pensando en declarar, pero no había
manera de decírselo, así por las buenas.
He esperado, entonces, que un amigo
tuviese el día más feliz de su vida,
para mostrarle a ella, África, invitada
y anfitriona de tu celebración,
por qué la añoro tanto y la preciso,
y por qué son verdad las palabras que le suelto
desde lejos, cuando más luz hay en el medio.
Son verdad porque tengo en ella a gente
como tú, que le hace y me hace muy feliz.
Cuéntame cómo ha ido de brillante
a la celebración. ¿Natural, como sí misma?
Ella sabe que me gusta como es,
la humildad en sus formas me disuelve,
la belleza en su caso es interior,
¡amo desde dentro toda África!
Háblame de tus últimos poemas,
dime la temperatura de las hojas,
cuídame el andar de los caminos,
el aire que yo hubiese respirado
pónlo en un pájaro: ábrelo
por entre las nubes del mes de agosto en Mozambique,
y dile al Indico que no se olvide de mi piel,
da un beso a tu mujer y tus hijas,
prepara la maternidad de Muhalaze
como aquel día ¿te acuerdas? que comenzamos a nacerla
(nuestra amistad, me refiero).
Y brindad vosotros mientras tanto
- en el recuerdo que bajo mí es un continente,
por el alado corazón que me embriaga -
la distancia me invita a la copa de los árboles.
Patio de mi casa en Guadamur - embajada de Muhalaze en mi vida -
26-08-06
