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11/10/2006

pobre de dolor

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TE MIRO y verte es una espina

que me duele a mí tanto que se acaba

por ir a ti a dolerte y se te clava

pues mi dolor en mí no se termina.

 

Yo me siento dolerte, Felismina,

con un dolor que ya no soportaba

yo más, ¡pobre dolor!: se me escapaba

dejándome en dolor hecho una ruina.

 

La vida que me duele está arruinada

en este dolor tuyo tan viviente.

¿Sabes qué me duele? No sentir nada

 

mío más vivo que aquello que tú sientes.

Dale a mi dolor al menos tu mirada.

Que te duelas tú a ti ya es suficiente.

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29-09-05

11/10/2006 17:05 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Felismina No hay comentarios. Comentar.

18/10/2006

sólo ELENA

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Foto 1: el poblado de Muhalaze le agradece a Elena que sea Elena.

Foto 2: “No te vayas de Muhalazeeeee!”

Foto 3: Luisa, Elena, y las maletas de medicinas y utensilios que se colaron por 3 aeropuertos.

 

(con motivo de la visita de Elena a Felismina en Guadamur, cosas que yo tenía que decir)

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CUANDO entró por la puerta, empezó a recordarme el olor de Muhalaze, las frondosas copas de los canhueiros tras la estación de las lluvias, y el mar de arena, el mar que acoge huellas cuyas formas no siempre corresponden a las de los pies que se hunden en su olvido. No es que el suelo de la sabana se trague las pisadas de los niños descalzos, sino que, al contrario, no deja que se planten en él para crecer, lo que hace que irremisiblemente, estos niños, no tengan nutrientes para sus raíces, cosa que aprovechará el viento del tiempo para deshacerlos en mínimas fibras de atmósfera.

Cuando entró por la puerta, viví en el poema 5 de Neruda, “…mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas”. Elena Cruz (será Cruz del Sur, aunque ella nunca me dijo su segundo apellido) traía en la mente a cada uno de los niños que cura en África y a los que alumbra, ella, que es constelación (la Cruz del Sur es la constelación más maravillosa de todo el cielo, un cielo sin hemisferios) su noche, cuando es más difícil. Traía en la cabeza la enfermedad y la posible forma de curar a cada niño de su problema concreto, y traía en la cabeza a niños que ya se habían hecho definitivamente aire, que ya se habían vuelto más ligeros que el suelo de África, niños ya sin curación. Elena entró por la puerta de mi casa con Muhalaze en la cabeza y en el corazón, y eso lo noté yo cuando las baldosas del salón se volvieron de arena, pero sobre todo cuando, poco después, Felismina, que dormía la siesta en el sillón cuando Elena entraba, pisó descalza y al momento sus huellas se adelgazaron como con nostalgia de tanto tiempo sin sentir el dulce peso de esta niña en sus amargos granos.

A Felismina la curaba ella cuando estaba allí, antes de volar hacia España.

De mis viajes sólo me gusta traer recuerdos que fueron vivos en África: arena, piedras, un pedazo de bloco como los que construyeron la maternidad de Muhalaze, un palo seco de canhueiro, o un fruto de acacia, arqueado, con sus dos extremos mirando hacia ti, como una espada que no quiere matar a nadie, con sus semillas dentro y todo. África vive en mi casa en estos seres muertos que a mí me recuerdan que ella está viva. La parte dura y telúrica de África está sobre la mesa de mi habitación. Pero todo eso lo cambio por una sola visita de un recuerdo de verdad vivo de África.

Elena.

Se sentó con Felismina, que tardó en pronunciar una palabra, entre la timidez primera que le entra y los nublados de la siesta todavía sin irse. Por fin, cuando rompió, Elena le habló de Clara y de Artemisa, que el año que viene empezará la escuela, de Bernardette y de Gina, la pequeña como un pájaro, de Fránçes…. (ay, Fránçes, confieso que me acuerdo de ti más que de ningún otro niño), de Emilia, Herminia y Cremilde, quienes cuidan a los niños del centro nutricional de Muhalaze, de mamá Isabel, cocinera, de Fátima, la de la sonrisa en la cara, la que traduce en el consultorio médico el ronga de los enfermos a portugués, la que dice a la hermana Elena: a éste le pasa esto y a aquel aquello.

Porque Elena, la hermana Elena, esta Elena que trajo África a mi casa, es la persona más buena del mundo. Quizás las haya tan buenas como ella, pero no mejores. Me da igual que esto suene a sensiblero, que parezca hasta tonto, y que no me preocupe para nada si lo digo de modo literario o no. Ahora mismo me dan igual todas las palabras menos una: Elena.

Yo la he visto en un puesto de salud (levantado gracias a Francis y su "Aventura Solidaria") que la tiene sólo a ella, pues carece de casi toda medicina menos una: Elena. He visto a decenas de personas que después de caminatas descalzas a través de los kilómetros, se agolpan en la puerta, o se tumban bajo un árbol a esperar, para que ella, Elena, les cure las heridas, las quemaduras, o el inquebrantable dolor. He visto, cada miércoles, coger a los enfermos graves que ella, Elena, no puede curar, y llevarlos en su pequeño coche al hospital de Maputo. He visto atendidas, en épocas de malaria, a más de 1.000 personas en un mes, por una persona sola, sólo Elena.

Elena, la hermana Elena, esta Elena que trajo África a mi casa, Elena la enfermera.

Le he visto pasar consulta de siete y media a tres, dar luego unos pasos, hasta el centro nutricional (en Muhalaze están juntos el centro y el puesto de salud) y comerse el mismo plato que dos horas antes han comido los niños: quizás un poco de arroz, o xima, con algo de verdura. Le he visto dar un poco de ese plato suyo, ya escaso de por sí, a algún niño de los que todavía andaba por allí correteando sin irse a su casa. Le he visto recoger y limpiar el puesto de salud, montar en el coche a los niños más pequeños que acuden al centro nutricional, y a los que nadie va a recoger, montar a cuantos niños cupiesen en el coche y repartirlos por el camino en mitad de la sabana, haciendo paradas aquí o allá según donde estuviese la cabaña de cada uno, que ella se sabía de memoria: aquí el árbol donde dejamos a Alexandre, aquí el de Fránçes, en este se bajan fulanito y menganito… (he visto a su coche quedarse casi encajado en la arena, por llevar, un día que me dejó conducir a mí, a 9 adultos y 6 niños, en un coche de apenas 5 plazas). He visto caer la noche en el Trópico de Capricornio, desde su coche, con ella repartiendo a algún niño todavía.

La he visto siempre riendo, animando al enfermo más triste. La he visto con una guitarra cantando “La tuna compostelana”, o “No te vayas de Navarra” (de su Navarra, donde nació, de donde nunca se ha ido, pues Navarra va con ella), la última vez que la vi en Mozambique. Aunque a todos nos llenaba la pena, ella nos arrancó sonrisas y canciones aquella tarde.

Su nombre completo es Blanca Elena, aunque podría escribirse el primero con minúscula, pues el epíteto “blanca” la caracteriza, blanca Elena. Pero nosotros la llamamos sólo Elena, o irmá Elena, como los niños de Muhalaze, que viene del griego y significa “antorcha”, pues realmente ilumina ese rincón de África. No podía llamarse de otro modo.

Gracias a ella he visto tantas cosas que no se ven…  tantos horizontes inabarcables pero alcanzados dentro de ella misma… tantas cúspides tenidas por insuperables hasta que detrás de ellas salía el sol rebasándolas… He visto demasiadas cosas para la vista sólo, de modo que empecé a percibir sus luces con el resto de sentidos: el olor de Muhalaze, la sonrisa en clave de sol, la música en el tacto de la guitarra, el sabor de los niños desnutridos que se mantienen en el centro nutricional… Todo esto he visto, aunque es imposible demostrarlo, no hay fotografías que revelen su esencia, ni palabras ni poemas que la reflejen aunque rebosen de sinestesias.

Y la he visto en mi casa, con Dulce -una amiga que la acompañó-, con mi madre, con Luisa (no una amiga, sino, como Elena, más que una amiga, con la que puedo compartir todo esto, porque ella lo sabe, mejor que yo sin duda, al haber estado junto a Elena en Muhalaze, curando a gente ambas, médico y medicina). Dimos un paseo por el pueblo. 16 de octubre de 2006, por la tarde. Poco tiempo. Pero a ella la esperaban en África, donde volvía al día siguiente. Recuerdos para unos y otros. Hasta prontos. Que la próxima vez nos veamos en Muhalaze.

Paradójicamente, cuando siento más, y más hondo, cuando tengo más cosas que decir, no me salen. Quisiera presentaros a Elena a todos, pero es imposible, se me adelgazan las palabras como huellas y como gaviotas que se alejan, sé que no lo lograría. Mi escritura es sólo un vehículo, pero no como el de Elena, donde cabe tanto bien y tanta gente. Escribo hojas, aunque nunca sacaré la raíz.

El mundo jamás se hará palabra. Y aunque lo sé, me siento derrotado por no saber expresar lo más mínimo la presencia de personas que hacen un mundo. Cuando llegue el momento en que me hagan el resumen de mi vida, espero que (olvidando un poco todo lo que hice mal) pongan sólo énfasis en que lo más alto que logré fue encontrar a algunas personas a quienes quise parecerme, con quienes compartí lo único que en mí había, por quienes di cuenta de que mi vida mereció la pena de vivirse feliz y pobremente.

Nada más. De mí digan que escribí una palabra que hace un mundo: Elena.

18/10/2006 20:33 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Mozambique No hay comentarios. Comentar.

20/10/2006

ÁFRICA EN MI CALLE

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         ELENA Y FELISMINA EN GUADAMUR

20/10/2006 18:21 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Felismina No hay comentarios. Comentar.

PEQUEÑO áfrica

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(Hoy, 20 de octubre de 2.006, un David de África, un verdadero David del Sur, hijo de mi amigo Benny, cumple su primer año de vida)(Hace más de un año que no piso Mozambique, por lo que aún no lo conozco y ni siquiera tengo una foto suya)(En la foto, Alexandre, el otro hijo de Benny)

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¡¡PARABENS, DAVIDINHO!!

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NO HABRÁ tarta de cumpleAÑO en su mesa, quizá ni mesa,

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no habrá cintas que envuelvan una jirafa de peluche, ni piñatas llenas de caramelos, ni niños que jueguen al escondite que no sean las propias piñatas y los caramelos, buscándose mutuamente (y a sí mismos), ni alfombras mágicas, ni lámparas

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maravillosas por poder alumbrar, maravilladas por ello, maravillándose de él

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(dado a luz)

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ni habrá amigas que se llamen Alicia en su fiesta, no habrá fiesta, ni reinas a través de espejos, ni espejos, ni un país de las maravillas a su alrededor, ni las maravillas clásicas alrededor del país

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(Mozambique se llama)

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donde hace un año, 20 de octubre, 2.005, veía por primera vez la luz, sin lámparas ni reflejos, no habrá reflejos, la luz de las dos y cinco del mediodía, ésa luz, luz que sólo ve un niño recién nacido, el resto lo vemos todo menos la luz (que llamamos invisible), vemos las mesas, vemos las tartas, no vemos la luz, vemos los peluches, vemos los globos, no vemos el aire, vemos el alrededor de las cosas

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y no vemos su centro. Vemos los paréntesis. (No vemos el corazón de los paréntesis).

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Él ve los colores de la vida, más que a las nubes el azul detrás, a Mozambique de verde, la tierra color ladrillo de África

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(ahh África)

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y los sonidos que se apagan de los petirrojos de Swynnerton, que se están extinguiendo mientras él empieza a distinguir los tonos de la vida, el aire en los pulmones recién abiertos, una mano que lo eleva

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          (y)

          llora, caen

         dos Limpopos por sus mejillas, como dos meandros de besos, que lo ciegan, que lo cubren, ciego en las fuentes, fuentes de la vida, en los primeros ojos

          las lágrimas saben a mar

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la mano lo abraza, otra le sujeta la cabeza por detrás, no conoce su espalda todavía, cree que todo lo tiene delante, que todo es tan inocente que lo alcanza, que todo respira igual que él, que él es todo, que no se le escapa nada,

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(está desnudo el niño ante el mundo)

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la mano lo envuelve en un trapo viejo, el padre es viejo, la madre es vieja, es viejo el continente, la vieja África, el trapo que lo contiene es África, niño contenido por todo lo viejo, tu continente es tu piel, pequeño David, tu piel es África, estás dentro y debajo de África, estás al borde de ella como el contorno de dos océanos y dos mares, Mediterráneo el latido Rojo de tu corazón, índico y atlántico

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en el color de los ojos por donde emerges al color ladrillo de la tierra, tu piel es la tierra, que se hizo vertical, ya no plana, ya no redonda, la tierra en que te levantas cuando los pájaros sueñan aún en los baobabs, cuando aprendes a andar por encima del mundo y

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(ahh pequeño África)

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sales del borde de mis dedos para vivir por ti mismo creciéndote y dejándome la cabeza y la mano llenas de tus pisadas.

20/10/2006 18:37 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Mozambique No hay comentarios. Comentar.

21/10/2006

un poema de amor en medio de la nada

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TÚ ERAS la Reina de África

                                          rodada en el agua

cuando en la orilla del río

                                          reflejaba tu imagen

un recuerdo a lo Katharine Hepburn.

 

Me acompañabas, buscando salir, por la jungla

de mi corazón como un barco perdido en medio

de la nada que soy yo sin ti.

Mi camisa de rayas y la gorra

de visera de ramas de palmera,

con la luz filtrándose en penumbra, horizontal

entre trópico y ecuador de cada hoja,

junto a los días que pasé sin afeitar,

las manchas de la cara

y la piel expuesta para ti, al sol y al agua sucia,

llevándote río abajo

por cauces de delirio hasta la cintura metido,

me enamoraron de ti

como Humphrey Bogart de capitán haciendo

una película y un sueño que no se puede grabar.

 

Eras el reflejo de los ríos de África cuando los mirabas.

Nada se quedaba allí después de irte.

 

Todo es mar en medio de la nada:

tú eras, aquellos días de mi diario, Karen Blyxen,

al mirar la herida de la pierna de un niño.

Eras los cabellos

que se colorean en los crepúsculos,

las sonrisas de merienda en la montaña

sentada en la hierba, las historias sucedidas

al tiempo que se van contando:

como escribir un poema de amor, como la vida

misma. Y eras el aire entre las nubes llevándote en mi avión,

y el que salía de los violines en los momentos de memorias

de África que ahora respira mi nostalgia.

Y eras el final que tienen los finales tristes,

una ruta por volar,

los leones para siempre

a mi lado a media tarde.

 

Tú eras Tessa Quayle dispuesta a que tu voz

sacara a la luz que llevas dentro,

y sacara injusticias como niños sin cuentos

y sin vasos de leche;

sacara a la luz que la salud del primer mundo

se consigue a toda costa

                                      de los países humanos

enfermos.

Tú eras Tessa paseando por una calle de África

de tierra roja como el principio del cielo

cuando salía el sol para todo el continente

que soy al despertarte tú;

                                         recogía tu pañuelo

el algodón en la cabeza, las manos abiertas como labios

que sonríen,

los ojos iguales a dos ríos.

Yo era el jardinero fiel que te amaba en tu papel,

en los diálogos escritos por mi corazón de tierra y agua,

en la puesta en escena que era África de fondo

aquellos días que me enamoraron de ti,

 

días en que todo es mar debido a ser un náufrago,

 

como un poema de amor en el guión de una película,

como un poema de amor que existe solo en medio de la nada.

21/10/2006 12:58 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Hay 1 comentario.


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