Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2006.
02/09/2006
CALIDAD DE PLANETA

a asunto de la degradación de Plutón
Me da miedo, Mozambique, de que
por tu condición de lejanía,
de pobreza radiante (que otra cosa
no es tu apagado fulgor),
y de que por no reunir un desarrollo característico,
se te deje de considerar país
al uso, o incluso tierra, que es peor.
Me da miedo que un grupo de los más
sabios que alcancen a decidir qué celeste
cuerpo merece la calidad de "planeta",
se reúna en Praga, en Toronto, en Yokohama...
y decida, en vista de que hace una falta terrible
un telescopio para verte bien,
retirarte el documento de identidad de nación.
No creas que sólo tú me preocupas,
sé que estás al mismo nivel que la Tierra
(pues es tan pobre ésta al menos
como el más bajo de sus lugares),
y me da miedo un mundo, donde,
poco a poco,
el escalón de las aguas destruya
Venecia, el índice natal de los bosques
se incendie, el aire se encierre en sí mismo como un
invernadero de oxígeno viejo,
y el color de la Tierra desde el borde exterior
se ahogue en un completo azul marino
que oscurezca a cielo y suelo con los mares
confundiéndolo todo en la materia
vacía, en sombra, del cosmos.
Me da miedo irme sin llorar a ese hielo
que lleva cientos de años congelado en los polos
(fíjate que hay gotas de agua que ya
estaban construyendo catedrales blancas
antes que Chartres coronada de agujas).
Tengo auténtico espanto por el hecho
de que mi propia especie está deshaciendo
no sólo el Globo, sino el Sistema Solar,
porque al paso que van las cosas, habrá
que quitar a países la categoría de tales
para que haya menos competencia por el aire
limpio, o por el agua, que ya será muy escaso.
Se irá reduciendo el concepto de hombre:
desaparecerán primero los últimos.
Dirán que África es un astro que vino
a aplastar un parte de superficie fértil,
y que hay que desterrarla de la Tierra, para
que limpia de baldíos renazca la verdura
de un planeta mutilado: éste que es inciso.
Me da miedo que la falta de habitabilidad
lleve a pensar a los sabios
que, últimamente, sobran
habitantes en un mundo reduciéndose.
Han empezado por Plutón, que a su luna,
Caronte, le habrá dado el óbolo para cruzar el Hades
del universo en que no cabe distinguido.
Me preocupa el caso por la acción de precedente,
ya que hará jurisprudencia en el tribunal estelar.
Dentro de un tiempo (no sólo el espacio es relativo)
le llegará el turno al Planeta Azul
(lo escribo con mayúsculas por el placer de sentir
en las palabras la atmósfera de este medio
ambiente que es mi Casa y mi Madre,
antes que la polución lo haga indigno
de los miembros familiares de mi especie).
Me da miedo, Mozambique, que fuera de la órbita
considerada en este mundo, se te degrade a "país
enano". Me da miedo esta espiral,
porque es cierto, radiante de pobreza,
que tu "gravedad", tan azul, transparente
pesa muy poco.
Me da miedo que pierdas la "calidad" de tierra,
en un congreso en Praga, Toronto o Yokohama,
¿por qué no se reúnen los sabios en tus casas,
donde el Sistema solar es la calidez de los hombres?
Si han de acabar contigo, desTerrándonos
(de la Tierra con mayúsculas) juntos,
quiero salir de este mundo con mi D.N.I. caducado,
dejar de ser hombre por el espacio infinito,
ser coherente con todo lo que amo,
es decir, unirme a los astros a dar vueltas vacías
para sentir qué inmenso fui, y qué dichoso,
y quedarme hasta la eternidad muriendo porque así
no podría acabar con mi vida (tu embajada en la soledad)
ni la inmensa nostalgia de un planeta sin ti.
07/09/2006
ALMAS subMARINAS

No recuerdo exactamente cuándo recibí desde Mozambique el e-mail que anunciaba que Felismina se había quemado, y la foto donde salía con medio cuerpo abrasado y la catarata de la cara a punto de romperse en lágrimas. Fue el 7 o el 8 de septiembre del año pasado. Un año ha.
Desde entonces, muchas cosas han cambiado. Felismina está ahora en España, curándose, ¿quién nos lo iba a decir, después de todo el trabajo que les costó a nuestros amigos de Mozambique? Otras cosas siguen igual o peor: niños, medianos y mayores, ahogándose en aguas internacionales (todas lo son, porque yo me siento responsable, y hago a mi país -son todos- responsable, de cada náufrago en cualquier sitio).
Estos días, o estos años, nos desayunamos con cayucos al mismo tiempo que con magdalenas, que también se hunden en el cuenco de leche de Felismina. A ratos nos salimos a la calle, donde otros niños, esperando en el lunes próximo el comienzo de las clases, juegan a la pelota, al escondite
(la imaginación es el principal recreo)
o a robinsones….
.
"la vida del agua"
.
LA ACERA de mi casa es un litoral magnífico;
mi calle es tan profunda que los brazos no hacen pie;
a veces salen niños nadando de mentira
en los rayados reflejos que sostienen las ventanas.
.
Se sumergen en mi ensueño cuando les saco el mar;
buscamos barcos hundidos en las palabras y en los otros;
siempre hay alguno que se baja menos aire
e inmediatamente sale, con el soplo
del corazón en un puño.
.
Las camisetas las izamos los días de poco viento;
el zócalo de casa es la popa, aunque tan rápida
la corriente que llegamos al fin del mundo fácil,
y damos la vuelta al agua cuando bebida nos rescata.
.
Pero hay días que me preguntan qué escribo
mientras juegan,
y los versos que tiro en las baldosas, qué decían.
Son los peces que devuelvo al litoral de África
para que el mar salga vivo cuando los niños se ahogan.