HISTORIA DE UN HOMBRE DE EXTRAMUROS

Con vistas al águila imperial de Carlos V que se encuentra en el peñasco labrado de la Puerta Nueva de Bisagra, y siempre extramuros de Toledo, vive un vagabundo que no sabe que le escribo.
Duerme casi al borde del “ceda el paso” de los coches, pero ninguno se para para dejarle cruzar. Y es que, quizá por tenerlo todo a domicilio, nunca tiene que hacer nada al otro lado. Puede que una de las peores cosas de vivir en la calle sea no salir nunca de tu casa.
Hay un barrendero que limpia su salón por la mañana. El sol, como a un enfermo que se acude a visitar, invade cada día la intimidad sin sitio de su alcoba; empieza a calentar la cama de granito, y él, que se acuesta con los pájaros pero alea la soledad, se precipita al vacío de la jornada desde el somier de cuarzo, sólido y sin curvas como la vez primera que lo usó. Hambre no tiene, toda la noche ha estado relamiendo minerales, el feldespato del colchón le aporta calcio y sodio y cantidades pequeñas de magnesio y de hierro. Ni que arreglarse tiene la apariencia, la almohada le ha peinado con los dedos de la mica. Ya que débil es su día, al menos, el granito, le da la firmeza necesaria por la noche: es bueno que sus sueños no se hundan demasiado.
Después no sé qué hace, imagino que turismo. La base donde vive es el peldaño de la Oficina de Información de los turistas, que está en la esquina enfrente de la Puerta de Bisagra. Se pasará el día entre buon giorno y japoneses, lo que le hará sentirse más extraño, extranjero en su ciudad. La verdad es que vive en un imperio que nadie ha conquistado: el Cuarto Mundo de Toledo, que fue una urbe hasta hoy de Tres Culturas.
Su piel estará fría, como fachadas. En una ciudad de estatuas pudieran confundirle. Y tendrá 50 años, pero aparenta los que un resto del pasado, por lo que debe de ser arqueología. Si se le considerase al menos como fíbula o arcilla, o como cualquier especie de edificio, puente hacia el pasado, o si alguien excavase en su memoria, su dolor o corazón, si se le considerase, en fin, para saber qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos, o si se le considerase a secas, habría materia para un estudio antropológico y social, motivo básico de conocimiento y ejemplo insoslayable de la realidad humana. Se comporta, paradójicamente, de un modo esclavo hacia la vida, a pesar de que es tan libre que no actúa, ni trabaja, ni descansa; se comporta unidireccionalmente porque no tiene otro camino, porque es tan pobre que no posee otra forma ni de ser. Filosóficamente es un robinsón. No hay patrón más fiable de conducta humana, desnuda, que el de un náufrago en la acera.
Podrían llamarle “Viernes”, porque está al final de todo el tiempo; es el último hombre de la Historia. Cualquiera que le viese diría que es un fin de semana de hombre, porque nadie se ocupa de él. No parece, sino que es el día de descanso de la humanidad, éste mendigo. No sé cuál es su nombre, pero se llama como el día en que la gente acuda a los museos porque sean gratis, como un vagabundo que deja entrada libre a sus estancias y aún así nadie le da la voluntad, esa caricia. Es un centro subvencionado de pobreza; a él se le destina todo lo que no sirve para nada, la fiebre, el frío, calamidades… su obra maestra es una “Muestra de hambre”. Es un hombre opaco y detrás de todo brillo, pero un espejo de la sociedad: que no le ayudemos dice todo de nosotros. Nadie comisiona su exposición de dolor. Nadie hace cola para ver sus monumentos: una manta oscura y un arte de cartones.
En realidad no es un mendigo: no pide, no espera. Es sólo cultura de este mundo: la calle es el museo que muestra al ser humano. En este caso, no es él lo que se expone, sino la insolidaridad de los demás. Él es el alumno que aventajó al maestro, más pobre que lo que puede imaginarse. Ha superado en varios siglos las descripciones de Dickens. Si estuviese en mi mano otorgárselo, le doctoraría en Humanidades.
Ahora bien, adelante sigue el mundo. Se acercan elecciones, y él no es parte del programa. Dentro de unos meses decorarán su habitación. Carteles de partidos que no sabrán nada de él. Está partido en cada uno de nosotros, que llevamos la carga de tenerlo olvidado, pero no es parte del programa. Destrozado, y no estará en las listas de partidos.
Con mucha menos geografía que historia (cabe en una esquina que ni dobla) él es la más reciente, y la más vieja, Puerta de Toledo. A partir de él empieza un encanto de mezquitas, de sinagogas, de iglesias…. a las que no sé si alguna vez habrá accedido. Estando tan cerca de las torres más hermosas, las pinturas del Greco y las cornisas, estando a un tiro de piedra de Santiago, del circo romano, o del Palacio de Tavera, teniendo todo el día para entrar bajo los cobertizos, o para pedirle que se baje al Cristo de la Vega, y no sé si sentirá curiosidad, hambre, de Toledo. Es una pena que una persona así, con todo el tiempo que esta ciudad necesita que le dediquen, tenga que emplearlo en arrebatar el pan a las palomas del parque de la Vega. Toledo se muere por alguien como él. Quiere a gente libre, que pueda descubrir sus escondrijos. Toledo tiene ansia de japoneses e italianos que vengan con el tiempo propio de mendigos. Y otra vez: Toledo se muere por alguien como él (repetir la misma frase puede decir dos cosas diferentes).
No habrá visitado, quizá, ni el Arrabal ni San Miguel, pero eso no es algo de importancia. Seguro que la Puerta de los Leones, en la Catedral, tampoco ha visto nunca San Juan de los Reyes. Una ciudad es una maraña de sitios que se desconocen entre sí: jamás han presentado a las estatuas de Alfonso VI y Garcilaso. Este hombre, arquitectura o vagabundo, es el punto principal de las rutas por hacer, pero no aparece ni en las guías actualizadas ni en los programas políticos del mes de Mayo próximo. Este hombre no es una exposición temporal, ni está escondido en los fondos de un museo, ni se le valora como debe.
Pero yo le nombro el “sereno” que Toledo necesita, y no sólo por su tranquilidad. El caso es que él sería capaz de abrir las Puertas de adentro, las oxidadas puertas de la humanidad, si el mundo (que está fuera del mundo ante gente como él) le mirase de otro modo.
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Fuera del contorno del mundo y la ciudad, ante la Puerta Nueva de Bisagra, donde los coches dan la vuelta a la glorieta como girando ante la miseria y las desgracias, como dando la vuelta alrededor de él, existe la historia de este artículo extramuros en homenaje al arrabal y periferia de los hombres robados por la Historia, y un vagabundo que no sabe que le escribo.
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(Imágen: http://www.toledosigloxxi.com/postales/linares.html)