CARTA PARA QUE ACOMPAÑE A UNA AMIGA ESTOS DIAS COMO TCHAIKOVSKY
Últimamente, los artículos que expongo en este sitio tienen un marcado tono de melancolía, como de sonido de teléfono antiguo. Serán cosas de marzo, que empezó con un paseo un poco tristón en ese “Toledo o tú”. Vino después: “Yo soy un pobre y lo que he visto me ha hecho dos pobres”, y luego “Historia de un hombre de extramuros”, a quien, por cierto, le gustan los bocadillos de lomo o de tortilla calientes, preferentemente, según me dijo un día de frío, bajo el albal. A continuación encontramos un papel doblado, triste como el avión de hoja que se nos llevó la juventud, en “Papirofléxico corazón de Mozambique”, y lo siguiente fueron “Tus sentidos”, que forman un todo escrito en un lugar sin ausencias, como fue mi corazón cuando se quedó incomunicado. Le siguió “Las vueltas para Rafa el de la tienda”, espacio de palabras para que el tiempo perdido acabe encontrándonos de nuevo, y “Un homenaje de África”, que es un grano de arena al lado de una montaña creada por las mayores humanidades del mundo. Qué decir de “El futbolista de la foto”, sino que a veces hay que apagar la radio para vivir la vida, y quizá así poder empezar a hacer de entrenador con quien le necesite, por la experiencia en tales lides adquirida; y de “Casi primavera”, llanto que riega los bodegones de las flores que se marchitaron cuando aún estaban en los jarrones de la vida. Sí, últimamente los artículos que expongo en este sitio (qué triste, la palabra sitio) no sólo tienen ya un marcado tono sino una línea seguida de melancolía, como de torres y tendidos de comunicaciones telefónicas antes de la revolución de las ondas electromagnéticas que habitan el vacío.
Y la palabra sitio, que suena a cerco infranqueable, como el de Zaragoza, también puede cambiarse, igual que Zaragoza al final rompió el ataque que le prodigaba la tristeza, con una maravilla musical como es “El sitio de Zaragoza”.
Pero el mes de marzo no acaba aquí. Es más, después de todo el aire triste de esos artículos, el mes de marzo me guardaba alguna tarde de viento todavía, de mucho viento.
Marzo aún no ha terminado, y más o menos todos aquellos artículos, finalmente, no sé si se habrá notado, terminaban con una ligera línea ascendente, como de golondrina lánguida cuando remonta el vuelo desde un lago al que ha bajado a beber. Es un trasluz de esperanza.
Pero yo estaba diciendo algo de tardes de mucho viento. (Espero que el que sopla en este último artículo de marzo, ayude a las primeras alas que tienen que volar para que llegue abril con alegría, a sonreír). Resulta que una amiga mía está triste.
CARTA PARA QUE ACOMPAÑE A UNA AMIGA ESTOS DIAS COMO TCHAIKOVSKY
(A modo de previo, como el momento en que la compañía va por la calle dirigiéndose al acompañado:
Todas las palabras de este escrito acaban por decir lo mismo todas juntas, ya que no pueden separarse sin perder el sentido, ni pretender ser ninguna más importante que las demás. Que el todo sea algo más que la suma de las partes implica que muchas tristezas solidarias, al lado unas de otras, tejan un equilibrio superior para que a través de él pase algo distinto como por ejemplo un camino abierto a la alegría, como una persona por un puente. Igual que en las estatuas clásicas la belleza emanaba de la correcta proporción de cada forma entre las otras, milimétricamente dispuestas para dar a luz con las respectivas sombras necesarias a esa belleza que pertenecía sólo al conjunto común de cada partícula de mármol unida a las demás; en un escrito la voz imperiosa se levanta desde el fondo singular que está sumergido en cada palabra como si fuese el sonido ambiente, hasta la superficie donde todas pueden respirar a la vez en el mismo plano de importancia para sacar fuera del papel el eco que saldría de su lectura como si fuese, en fin, la atmósfera que de todas surge. Pero todo es más sencillo que eso: es más importante la unidad que los detalles. Así que, finalmente, todas las palabras de este escrito vendrán a ser una: “tú”, que serás quien les dé el signo alegre a todas si tú sola lo estás, debiéndome perdonar a mí si no consigo animar a que todas trabajen juntas para ese fin, y debiendo, en el caso de que alguna te parezca triste por sí sola, perdonarla a ella por separado.)
Uso de base una frase de Benedetti, y un poco la cambio para decir a una amiga:
Una mujer alegre
es una más
en el coro de las mujeres alegres;
una mujer triste
no se parece
a ninguna
otra
mujer
triste.
Una amiga triste no se parece a ningún otro sentimiento triste. Todas las palabras que empiezan por tri- tienen un halo de luna afligida: trino, triciclo, triángulo. Pero las que empiezan por tris- ya están apenadas antes apenas de acabar: trisecar, trisulco, trisemanal.
Una amiga triste no se parece a ninguna otra música, ni a ningún otro silencio. Pides alguna canción dedicada en una radio, por ejemplo, y si dices que es para una amiga triste seguro que a todo el mundo le suena nueva esa canción. Y si estás en silencio escribiéndole una carta para que estos días le haga compañía como Tchaikovsky, seguro que establece un silencio impermeable la habitación. Porque una amiga triste no se parece a ninguna otra cosa que ya conocieras.
Amiga: te he escrito varias veces para que dejases de estar triste. Ahora toca un cambio de registro. Ésta no es una carta para que dejes de estar triste. Créeme que yo no tengo en mi mano la solución a tu tristeza, y si la tuviese haría tanto tiempo que la hubiese derrochado en ti que ya no me quedaría más solución. Hoy no voy a escribirte intentando que abandones la aflicción, ya que será cuestión de tiempo, más bien, y no de letras, que olvides tus dolores. Hoy te escribo para que el (espero) poco tiempo que te quede dentro de la laguna triste en que andas, lo saborees al menos con deleite, ya que, a pesar de la mala fama que tiene la tristeza, es a veces bella como un sauce.
Lo que yo quiero es que durante el tiempo que te dure la tristeza (ya que no está en mi mano el reloj, que sería de cuco, de atrasártela hasta nunca) descubras la otra parte de su vida, la que es emocionante, azul marino y que conmueve, como la cara oculta de la luna.
Porque la tristeza es una forma perfecta de alegría. Perfecta significa pretérita, anterior. La tristeza es el recuerdo de tu muñeca más graciosa, que te dio tardes de lindeza cuando niña. Si estás triste, amiga, por cosas del pasado, piensa que cuanto más bello fue el pasado más tristemente alegre es el presente. Debes alegrarte de encontrar retazos de alegría en tu tristeza, significa que viviste el momento intensamente. Es como una tristeza producente tu tristeza: date cuenta de que sirve para ver qué alegre fuiste.
Dama de sangre azul es la tristeza. Es la reina de los corazones reales, la reina de las emociones. Es ella quien gobierna el país de tu majestuosidad. Si te cruzas con ella no dejes de inclinarte; bésale la mano como si estuvieses temblando; será bello encontrarte, cara a cara, con el máximo poder de tu latido. Lo triste, amiga, sería no emocionarse. Tú pídele saber al corazón hasta qué profundidad puedes sentir. Verás que no te muestra, en lo hondo, la tristeza, que es como el aceite con el agua: pesa menos y se eleva. Cuando veas la base firme de la fuente donde brotan sentimientos, estará sólo la alegría, pues la tristeza, que no habrá dejado de ascender, rebosará del vaso capaz que las mezclaba. Y estará más estable tu vida, consistente sobre todo en océanos, ya que la alegría pesa más que las olas y te ancla el corazón.
Como existe el llanto de alegría, si te apetece llorar ahora, elige esa lluvia en tus ventanas. Tus ojos, perdón, quise decir. Es que ya sabes que mi oficio es dibujar, y lo primero que miro en una casa es hacia afuera: para ver si es bonito el mundo desde allí. De frente puedes ver toda la Tierra. Mirar, siendo tú, debe hacerte sentir afortunada, porque puedes ver que todo está en la luz, y que debido a lo cómodo de serte tu mirar es como estar en el salón.
Ya te digo que no ahorres si escoges llanto de alegría. Ni gastes en pañuelos, porque además de hacer bajar abril a tus mejillas: “si lloras de alegría, no seques tus lágrimas: las robas al dolor” (Paul Jean Toulet).
Lluvias que limpian los cristales. Lluvias que pasean por la acera. ¿Sabes que la lluvia comunica a todo el mundo y que vierte su idioma en todos los suelos por igual? En los cuentos siempre aparece la lluvia en los países más remotos, junto a cisnes y lagos y castillos en cuya cubierta se alojan las palomas mensajeras. La lluvia pertenece a la tierra tanto como al cielo, ¿conoces algún espejo con más patrimonio universal? Deja que te moje el cielo cuando quiera, hazte amiga de una sirena del mar Egeo, o deja que el río se pierda aguas abajo mientras te encuentras tú en su cauce, mientras encuentras tu naturaleza de verdad. Descúbrete, amiga, bajo el agua, porque la tristeza cala hondo, pero seca. Y déjate empaparte de la vida a cielo abierto, porque la tristeza más honda es una calle de paraguas.
No tiene razón de ser triste tu tristeza, si lees la dicha siguiente:
ODA A LA TRISTEZA
(Pablo Neruda)
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TRISTEZA, escarabajo
de siete patas rotas (…).
Aquí no entras.
No pasas.
Ándate.
Vuelve
al Sur con tu paraguas (...).
Aquí vive un poeta.
La tristeza no puede
entrar por estas puertas.
Por las ventanas
entra el aire del mundo,
las rojas rosas nuevas,
las banderas bordadas
del pueblo y sus victorias.
No puedes.
Aquí no entras….
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Ya te advertí que en esta carta encontrarías una tristeza constructiva. La tristeza es gran poeta. Te digo que no sé decirte cómo has de luchar contra ella, si no es mediante palabras. Puedes estar tranquila con las palabras: ellas te escuchan siempre mientras las miras, aunque sea en vista o voz baja, y no dicen más de lo que tú quieras decir. Úsalas siempre, escríbelas, léelas, cánsalas, haz que peleen por ti, que vayan a conquistar tu alegría incluso al mundo más inimaginable. Puedes montar con ellas lo que quieras: una exposición o una fiesta; hacer sentir frío o calor a una persona sin techo en verano o en invierno; puedes arropar a una niña que tirite vendiendo cerillas en la calle, o llevar a un sobrino que tengas a la piscina, incluso si está escayolado en verano y no se puede bañar; puedes cruzar océanos con ellas como quien salta de una piedra a otra para cruzar un río, con sólo pasar de palabra a palabra leyendo que te sientes de viaje. Acomódate en ellas y pide un té a la azafata, o un helado, como quieras, si te apetece más ir a la nieve que a tomar el sol. Con las palabras, también, puedes mirar pinturas rupestres en alguna cueva, o subir en teleférico sin que te dé vertigo. Tienes todo lo que puedas pedirle a un genio de una lámpara maravillosa en las palabras; ten por seguro que sin ellas no podrías cumplir ningún deseo. Por eso te digo que empieces a alegrarte a través de las palabras, y ellas te llevarán a un calidoscopio donde al final sólo se reflejen las estrellas que brillan dando vueltas alrededor de tu alegría y cada vez de una forma diferente, cada día alegre con una historia renovada, un cuento que te inventas y se hace realidad si te lo crees (porque no hay nada más real para ti que lo que sientas o imagines). Deja que las palabras naufraguen en ti y verás que la isla de tu alegría, que creías desierta, se puebla de millones de secretos que empiezan a salir de detrás de las palmeras y se acercan corriendo a recibirte, porque en realidad siempre habían estado ahí y sólo estaban esperando que tú las llamases a la playa y las recibieses con adornos que te sobran sonriendo para todas. Vive feliz con las palabras y ellas nunca te abandonarán. Ellas siempre dicen la verdad. La verdad son ellas, porque son tan puras e incorpóreas que no tienen espacio ni tiempo para dejarse encarcelar por quien las quiera usar para herirte. Tú las usas para acompañar a música o a judo a los niños, y a veces les haces la cena con un postre que les gusta si al final te ven feliz, ¿a que sí? Amiga, plántale cara a la tristeza con palabras, alíate con ellas, hazles zalamerías como si fuesen hijas de tus primos. Amiga, declárale la guerra a la tristeza, para reconquistar tu alegría con la bandera blanca de la palabra “amistad”.
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Porque tienes que luchar aun cuando no tienes ganas. Si sólo fuésemos felices cuando tenemos ganas de serlo no tendría mérito la felicidad, ni sabor. La felicidad es más bella que Elena de Troya, así que puedes crear un caballo de madera y entrar a la ciudad con las murallas más tristes a rescatarla. Seguro que en el interior del caballo, que es tu corazón en sentido figurado, van palabras afiladas como espadas y antorchas para que incendies la tristeza que estaba consumiéndolo. Merece la pena, nunca mejor dicho, que te lances al ataque de una vez y del corazón expulses hasta el último vestigio de algún dolor anterior. Haz arqueología en tu corazón, aunque te lleve siglos descubrir cuántas fortunas dignas de museo guardan todas sus capas. Porque tu corazón seguro que está lleno de estratos, lleno de niveles cada uno con tesoros imposibles de robarte, sólo para siempre, tesoros sólo para ti. Donde hay tesoros jamás hubo ni habrá ruinas. Tu corazón se mantendrá en pie toda la vida, y no se cansará nunca, ni dormirá, de cuidarte la alegría que año tras año le vayas haciendo que lata. Escribe en él tantas palabras dichosas que su biografía sea el papiro con la letra más rica de la Historia. Has de empezar hoy a ser feliz por él para que él esté tan ocupado en serlo por ti que al final, después de tanto escribiros mutuamente al cabo de los años, tengas que escribir en sus márgenes porque digas que toda tu vida has estado llenando el corazón de alegrías y ya no te quedaban más renglones para tanta. Verás que finalmente todo el corazón, incluso aquella parte que algún día sufrió, es feliz. Es como escribir una carta en una hoja donde a veces te vas dejando espacios o márgenes sin llenar, y que al final empleas porque tienes muchas cosas que decir, y de ese modo llenas los vacíos que creías que ya nunca aprovecharías. Y en ese corazón, que es una página esperando que escribas “felicidad” con tu letra, y un tesoro, y un caballo de Troya, y un rayo de las 7 maravillas del mundo todas a la vez en un reflejo, empieza a construir un palacio que ningún arquitecto sabría jamás diseñarte. Créeme que yo quisiera ayudarte, aplicar las técnicas que nunca fallan y los sentimientos que son capaces de despertar los espacios, junto a los materiales más confortables, para el proyecto. Usar la ciencia y la poesía de la arquitectura, ésas técnicas y sentimientos que te digo, para que tuvieses la planta de vida que quieras tener, el alzado de felicidad que me propusieras diseñarte, y la sección de más absoluta ligereza y luminosidad que jamás se haya percibido en el interior de un corazón alegre. Pero sólo tú puedes construir ese palacio sin muros ni pilares, yo tendría que usarlos para que soportasen las cargas de alegría que espero que habiten en él en el futuro, pero tú, más diáfana y libre porque es tu propio espacio interior el que está más cerca de lo que sabes que quieres, sólo tú, puedes construirlo sin ningún muro ni pilar de manera que no haya paredes que limiten tu alegría. No busques a ningún arquitecto, porque suelen ser bastante orgullosos y capaces de agotar los ahorros de tu vida para hacerte una casa que envejecerá con el tiempo, y eso nunca te lo dirán. Constrúyete una vivienda que sean todo ventanas abiertas, sólo tú sabrás hacértela; una vivienda que por no estar hecha de más paredes que de luz te dure toda la vida, limpia y sin romper. Yo sólo puedo hacerte el presupuesto: busca la felicidad y cuando la tengas no te costará nada vivir así, en la casa que los más cursis dicen de tus sueños. Ya tienes lo más caro de todo: el terreno en tu corazón.
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Porque las guerras destruyen casas, pero no la tierra desde donde se eleven de nuevo, y posiblemente más altas, torres donde había sótanos, azoteas desde las cuales tengas el horizonte más a mano. Es cierto que no es fácil construir, pero tú puedes hacer los cinco años y proyecto fin de carrera en un instante, y seguro que de proyecto fin de carrera te ponen de ejercicio tu alegría. Todo esto, que espero esté sirviéndote, amiga, para estar echando a la tristeza ahora mismo de tu casa, es un edificio de palabras. Ya te dije que las palabras construyen lo que sea, si es bueno, y destruyen cualquier tristeza al mismo tiempo. Déjalas que sean tus armas, y no te aflijas por alguna guerra que se haya librado en tu corazón, donde alguna vez el pasado que duele tiene que morir. Y piensa al mismo tiempo que si nada doliese en la vida, no habría tampoco alegrías, ni palabras de amistad, ni besos, ni muestras de amor entre padres e hijos, y si son tristes las guerras, las armas y los hombres y mujeres que sufren, más tristes son si no saborean cada lección y momento de la vida:
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(Miguel Hernández)
Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.
Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.
Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.
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La tristeza es dinastía de Julieta Capuleto. Espero que no se te ocurra pensar que un final triste tiene por qué hacerte salir alicaída del teatro. Vamos, que yo creo que en las grandes obras de arte, aunque los protagonistas no acaben comiendo perdices, sí que podemos salir los espectadores exultantes. La tristeza es un drama, de acuerdo: es un teatro del que debemos aprender qué humanos somos. Amiga, tu tristeza es así, también saldrá de escena y será sólo una gira en tu vida.
O coge un avión y ve hacia el Danubio. Después, para que salga de todo el corazón la tristeza, ábrelo de nuevo para la alegría en el Gran Canal de Trieste.
Ve a tu biblioteca y busca al escritor de tu vida. A tu biógrafo no: a quien te da la sensación de que ha escrito su obra para ti. Busca el libro que te gustase protagonizar, o las páginas que te devuelvan el tiempo perdido. Pero limpia las palabras que estén como dormidas, porque ¿hay algo más triste que un libro olvidado sólo a medias, bajo una pátina de polvo?
¿Y más evocador? ¿Hay algún viaje más lejano y completo que el de Ulises? ¿Hay alguna emoción que no haya estado siempre en el abecedario? Desteje, como Penélope, el jersey que abriga tu tristeza. Busca tu libro. Oíza, que era arquitecto y hombre de técnica, decía algo así: cuando te sientas desanimado, pesimista, triste, sin ganas de seguir, lee poesía; lee a los verdaderos poetas y verás cómo te reanimas…
Porque más triste que un libro bello que tú no leas no hay nada. Y cada página bella que tú no leas será un trozo más de tu tristeza.
Imagínate, si no leyeses, haberte perdido lo que te regalo de San Agustín: “Si precisas una mano, recuerda que yo tengo dos”.
Porque los amigos tienen precisamente manos para ayudarse. Cuando hay kilómetros en medio, las manos son capaces de vencerlos con cartas. Lo mismo que Tchaikovsky cuando conoció a Nadezda von Meck, una amiga que fue su mecenas y le permitió dedicarse ya para siempre a la composición. Pero por miedo a perder su amistad, Tchaikovsky y Nadezda jamás se conocieron. Sólo supieron el uno de otro por cartas durante más de 14 años. ¿Hay algo más alegremente triste que dos amigos postales?
No lo sé, amiga, pero ten en cuenta que a pesar de lo triste que parece, es algo que guarda también dos alegrías: la de saber que cada uno siempre estaba ahí. Toda tristeza es alegre ¿vas viendo?
Escucha lo que escribió Rubén Darío para que te lo mandase algún amigo cuando te encontrase triste:
SONATINA
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La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña, dice cosas banales
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz,
o en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
¡Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal!
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida).
¡Oh, visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
-la princesa está pálida, la princesa está triste-
más brillante que el alba, más hermoso que Abril!
-¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-,
en caballo con alas hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!.
¿Sigues triste? Aunque algún momento pienses que lo has perdido todo, no te apures, porque hay algo que nunca se extravía, ya que ella es tú misma, yendo a donde vas: tu propia esperanza.
Quizá haya días que no te apetezca abrir las ventanas, es verdad, pero no es menos cierto que las ventanas seguirán ahí para cuando necesites contagiarte de su transparencia. Miguel Hernández escribió un soneto triste y alegre, “alegriste” hubiese dicho él, una mañana que no quería ser consolado:
Yo te agradezco la intención, hermana,
la buena voluntad con que me asiste
tu alegría ejemplar: pero, desiste
por Dios: hoy no me abras la ventana.
Por Dios, hoy no me abras la ventana
de la sonrisa, hermana, que estoy triste,
lo mismo que un canario sin alpiste,
dentro de la prisión de la mañana.
No te he de sonreír: aunque porfíes
porque a compás de tu sonrisa lo haga,
no puedo sonreír ante esta tierra.
Hoy es día de llanto: ¿por qué ríes?
Ya me duele tu risa en esta llaga
del lado izquierdo, hermana... Cierra: cierra.”
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Tú déjate consolar por la alegría. Esto es sólo para ver qué duro debe ser no querer que te sonrían. ¿Pero a qué es un bello soneto que te da alegría a pesar de todo? Tú sí debes querer que te sonrían, y para eso debes, antes que sonreírnos, sonreírte.
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Sólo son palabras todo esto que te digo. Pero espero que te ayuden a superar la tristeza o, en su defecto, a ver qué bella es la tristeza también algunas veces, y que de este modo sepas más de ella para que te sea más fácil engañarla.
Pero dime, por favor, que harás el esfuerzo de sonreír a todos los que te muestren la ventana de su sonrisa abierta. Yo estoy sonriéndote desde el principio del escrito, para comunicarte una parte del entusiasmo que he querido poner mientras lo escribía. Sé feliz como una casa con cortinas nuevas, en las ventanas de los ojos, claro. Dime si las tienes o si las necesitas. No te importe pedírmelas, no me quedaría triste sin ellas. Te las daría felizmente, y para mostrarte que se puede tamizar la tristeza hasta el fin yo pondría en las mías en vez de cortinas telarañas.
Tu amigo, D. 23 de marzo de 2.007
P.D. 1: Lee sólo la primera estrofa del poema “Resolución” de Jaime Gil de Biedma:
Resolución de ser feliz
por encima de todo, contra todos
y contra mí, de nuevo
-por encima de todo, ser feliz-
vuelvo a tomar esa resolución.
P.D. 2: Verás que no pesan tanto las palabras tristes si las que no lo son las cogen en volandas. Espero que te hayas fijado en la parte de arriba de todas ellas mejor que en el subrayado de las tristes, para que sientas que alrededor de éstas siempre hay otras palabras que quieren esconderlas, o cuanto menos envolverlas para que las tristes no tengan más que una poca presencia puntual en una alegría que es capaz de rodear todo un escrito, como un grupo de amigos que quieran contagiar a una amiga que esté triste. Se acaba marzo, y por fin los almendros copados de flores blancas, que aparecen en cuanto han desaparecido las heladas, además de recordar que los copos de nieve del invierno ya no producirán más frío, sirven de preludio al buen tiempo que se acerca gracias a sus tonalidades rosadas. Esto es así, porque las estaciones cambian sin remedio, y no hay fuerza que impida a la Tierra rotar y trasladarse. Se acaba marzo y no estoy hablando de los almendros que he visto en mi pueblo, sino de los que espero que agarren fuerte en la tierra de tu corazón, para que pronto, con las claras muestras de otra primavera en tu vida, aparezcan como un campo de tu boca que sonríe.
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P.D. 3: A veces las palabras son como el sol: cuando se encuentran el agua parado intentan que su tristeza se evapore. Que las de esta carta que te acompaña en su tristeza estos días como Tchaikovsky a Nadezda, lo hayan logrado, no puedo asegurarlo ahora, porque yo estoy acabando de escribirla y tú aún no has empezado a leerla, pero si no lo han conseguido, al menos como yo esperaba, ahora que sí estás terminando de leerla, espero que al menos hayas percibido hace una línea cómo se cruzan los dos tiempos de una carta, el del que lee y el del que escribe, igual que dos amigos que se hacen compañía desde cientos de kilómetros, quizá para tener más horizonte donde poder situar al otro cada día con la imaginación, y de ese modo, aunque ambos sean lejanos como dos puntos que el dolor de la vida ha recortado de un mapa y sólo junta a través del viento, decir que te sujeto un momento toda la tristeza de golpe, y entonces dejo de escribirte, porque no hay dos cosas que pueda hacer a la vez, como son continuar la historia y sostener tu carga, pero sobre todo porque no hay tristeza ya que devolverte y seguir narrando, ya que se han desparramado las palabras y se te escurren entre las manos, porque las palabras, como todo, son frágiles y se quiebran si se las fuerza, desde que te pido sujetar con la que escribo la tristeza un momento de golpe, momento por el cual se rompe el tintero que no puede volver a serlo más.Comentarios » Ir a formulario
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Autor: Beatriz
Los días negros terminan por clarearse, pasan al alba, iluminan al final. Sé lo que es esa oscuridad, sé lo que es la "lluvia en tus ventanas". Pero acaban convirtiéndose en blancos, no lo dudes. Sólo tienes que mezclar en tu "paleta de colores".
Amiga de David, pinta tu vida, llénala de color.
David, sigue emocionando así.
Bea.
Fecha: 27/03/2007 18:10.
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Autor: Miguel Ángel
Fecha: 29/03/2007 20:15.
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Autor: gloria
super porke aorita and0o
bien depre por mi mejor amiga
y ps me emocione al leer
esto0 sige asi abriend0o tu korazon
eres grandi0o0so sale k0oes bye
Fecha: 27/05/2007 02:21.