EN EL DÍA DE LA MADRE

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Felismina es el mejor regalo para cualquier día, para una madre o una abuela, un padre o un abuelo, y estos poemas, aunque son de noviembre de 2005, siguen siendo, de hoy también, un regalo más que de mí a ellos de ellos a mí.

Gracias.

.

a mis abuelos

.

QUIERO decir algo a alguien que quiero.

Siempre que hace frío, su lumbre es la que arde.

Ellos dicen que son viejos.

                                               Él era quesero.

Y ella está siempre haciendo el bien hasta tarde.

.

Tienen una casa donde llama todo el mundo:

los niños porque saben que les darán caramelos,

y los grandes cuando quieren llevarse algo profundo.

Yo voy porque me lo dan todo mis abuelos.

.

Yo tengo un sueño que con ellos comparto

donde salen bien sanos los niños africanos.

Por eso, él está haciendo cacharros de esparto,

y ella siempre hace el bien con sus manos.

.

Porque hay mañanas que los huesos le duelen,

y el ojo o la alergia le molestan a ella,

les llevo yo al médico, para que rían y se cuelen

a mí a curarme, como a la noche la estrella.

.

Son Flora y Jesús, o Jesús y Flora,

y aunque se lo dije antes, ya a lo primero,

esto es tan largo que se lo digo ahora:

porque todo empieza y acaba en que los quiero.

.

a mis padres

.

Mientras ella se peina, él hace el desayuno,

o abre la tienda, o trae alguna cosa;

y ella da el buen día cuando él busca uno,

como buenos días dados donde hay una rosa.

.

Yo he tenido con ellos lo que nadie ha tenido,

más de Peter Pan un disfraz, y una bicicleta

que era de piñón fijo; y para hacer el ruido

que ha de hacer un niño, un tambor y una trompeta.

.

Recuerdo que en mi calle el suelo era de arena,

y yo crecía creyéndome el héroe de los cuentos,

enredando por el pueblo hasta la hora de la cena.

A veces me buscaba el ruido del seiscientos.

.

Dice la gente ahora que a él yo me parezco

en más que tener torcido el dedo meñique.

Por aprender de mi padre, en el mundo crezco

con cada niño que me espera en Mozambique.

.

Nunca me ha faltado un jersey ni un vaso

de leche caliente cuando estaba enfermo,

porque gracias a mi madre, que siempre ha estado a un paso,

yo siempre he tenido un sueño cuando duermo.

.

Si alguna vez yo tuve algún juguete roto,

también hicieron ellos –y eso no se olvida-

que me olvidase de llorar, sentado en una moto.

A mis padres los quiero como a nada en la vida.

 

04/05/2007 09:50

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