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24/05/2007

AL OTRO LADO DE TU VOZ

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Quiero decirte que te necesito, ahí, al otro lado. Tú al norte y yo al sur de nuestra frontera telefónica.

Quiero decirte que te echaré de menos cuando el mar, ni siquiera con toda su amplitud, pueda darme cobertura para arroparte con una ola de la sábana o con un mensaje sumergido que te dé un abrazo bajo el agua de la pantalla de tu móvil.

Quiero decirte que no quiero que se sumerja tu móvil en el agua de tus lágrimas, que lo de mensaje sumergido bajo el agua de la pantalla era en sentido figurado, como si la pantalla de tu móvil fuera la superficie del mar y mis mensajes peces o tesoros escondidos que tú sacaras a flote cuando los lees.

Y yo navegaré por la superficie del mar. Sólo tendrás que rozar, entonces, la pantalla de tu móvil, y ya estaremos al lado. Yo cerca de las montañas y tú de las islas.

Quiero decirte que merece la pena tu voz al otro lado de los hilos -tu voz que a veces es sólo un hilo que sin embargo es capaz de resumir toda la distancia entre nosotros - con este poema, ligeramente retocado, de Luís García Montero, que lleva por título: “Merece la pena (un jueves telefónico)”. La distancia más corta entre nosotros es la línea recta, sí, la línea recta de la figura del hilo de tu voz.

Y quiero decirte que cuando no hablo contigo, por lo que sea, algún día, es como si llamo a la vida y no la encuentro, no se pone, es como que toda la vida comunica.

Y es esa sensación de quedarte como tonto con el teléfono en la mano mientras escuchas el pitido. Esa sensación de que estás buscando algo al otro lado, llamándolo, algo que tú no tienes, y que no encuentras: la otra parte de tu vida. Es como llamar al aire y no encontrarlo en casa. Como esa canción de ayer, la de “el aire en que no estás".

El teléfono de la vida comunica hasta que tú lo descuelgas. Viajas, sonríes. Me marcas como si yo fuera un teléfono, me marcan tus palabras. En el aire de tu voz se completa el círculo del norte y el sur de las fronteras telefónicas.

Hablar contigo hace que la Tierra sea redonda.

.

.

MERECE LA PENA
(UN JUEVES TELEFÓNICO)

.

Trist el qui mai ha perdut

per amor una casa

(Joan Margarit )

.


Sobre las diez te llamo
para decir que tengo diez llamadas,
otra reunión, seis cartas,
una mañana espesa, varias citas
y nostalgia de ti.
              
Sobre las doce y media
llamas para contarme tus llamadas,
cómo va tu trabajo…
debes sin más remedio hacer la compra
y me echas de menos.
El teléfono quiere espuma de cerveza,
aunque no, la mañana no es hermosa ni rubia.

.

Sobre las cuatro y media
comunica tu siesta. Me llamas a las seis para decirme
que sales disparada,
que se queda tu sobrino en casa de un amigo,
que te aburre esta vida, pero a las siete debes
estar en no sé dónde,
y a las ocho te esperan
en la presentación de no sé quién
y luego sufres restaurante y copas
con algunos amigos.
Si no se te hace tarde
me llamarás a casa cuando llegues.
              
Y no se te hace tarde.
Sobre las dos y media te aseguro
que no me has despertado.
El teléfono busca ventanas encendidas
en las calles desiertas
y me alegra escuchar noticias de la noche,
cotilleos del mundo solidario,
que se te nota lo feliz que eres,
que no haces otra cosa que hablar mucho de mí
con todos los que hablas.
              
Nada sabe de amor quien no ha perdido
por amor una casa, una familia tal vez
y más de medio sueldo,
empeñado en el arte de ser feliz y justo,
al otro lado de tu voz,
al sur de las fronteras telefónicas.

24/05/2007 10:28 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre No hay comentarios. Comentar.

04/05/2007

EN EL DÍA DE LA MADRE

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Felismina es el mejor regalo para cualquier día, para una madre o una abuela, un padre o un abuelo, y estos poemas, aunque son de noviembre de 2005, siguen siendo, de hoy también, un regalo más que de mí a ellos de ellos a mí.

Gracias.

.

a mis abuelos

.

QUIERO decir algo a alguien que quiero.

Siempre que hace frío, su lumbre es la que arde.

Ellos dicen que son viejos.

                                               Él era quesero.

Y ella está siempre haciendo el bien hasta tarde.

.

Tienen una casa donde llama todo el mundo:

los niños porque saben que les darán caramelos,

y los grandes cuando quieren llevarse algo profundo.

Yo voy porque me lo dan todo mis abuelos.

.

Yo tengo un sueño que con ellos comparto

donde salen bien sanos los niños africanos.

Por eso, él está haciendo cacharros de esparto,

y ella siempre hace el bien con sus manos.

.

Porque hay mañanas que los huesos le duelen,

y el ojo o la alergia le molestan a ella,

les llevo yo al médico, para que rían y se cuelen

a mí a curarme, como a la noche la estrella.

.

Son Flora y Jesús, o Jesús y Flora,

y aunque se lo dije antes, ya a lo primero,

esto es tan largo que se lo digo ahora:

porque todo empieza y acaba en que los quiero.

.

a mis padres

.

Mientras ella se peina, él hace el desayuno,

o abre la tienda, o trae alguna cosa;

y ella da el buen día cuando él busca uno,

como buenos días dados donde hay una rosa.

.

Yo he tenido con ellos lo que nadie ha tenido,

más de Peter Pan un disfraz, y una bicicleta

que era de piñón fijo; y para hacer el ruido

que ha de hacer un niño, un tambor y una trompeta.

.

Recuerdo que en mi calle el suelo era de arena,

y yo crecía creyéndome el héroe de los cuentos,

enredando por el pueblo hasta la hora de la cena.

A veces me buscaba el ruido del seiscientos.

.

Dice la gente ahora que a él yo me parezco

en más que tener torcido el dedo meñique.

Por aprender de mi padre, en el mundo crezco

con cada niño que me espera en Mozambique.

.

Nunca me ha faltado un jersey ni un vaso

de leche caliente cuando estaba enfermo,

porque gracias a mi madre, que siempre ha estado a un paso,

yo siempre he tenido un sueño cuando duermo.

.

Si alguna vez yo tuve algún juguete roto,

también hicieron ellos –y eso no se olvida-

que me olvidase de llorar, sentado en una moto.

A mis padres los quiero como a nada en la vida.

 

04/05/2007 09:50 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre No hay comentarios. Comentar.

20/04/2007

RECUÉRDATE

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                   (foto: "a estas Alturas de tu vida")
 
 

20 de abril del 07

.

 

No están las bicicletas de mi niñez ni el cine de mi pueblo

 

No están los partidos de fútbol en las eras con dos piedras por porterías ni los caminos sin tantas rodadas de coches

 

No están el jersey de cenefas que me hacía mi madre ni el “tente” que me regalaba por ser bueno mi padre

 

No están los huesos fuertes de la columna de mi abuelo antes de la osteoporosis ni los días en que mi abuela todavía podía subirse a limpiar los tejados

 

No están los boletines de notas que tenga que llevar a que me firmen ni las vacaciones con todo hecho………..

 

. 

Aunque no está todo eso que era nostalgia

ha vuelto a ser alegría en mi vida desde que ella no hace falta

 

. 

Siempre estará una canción en “20 de abril” (del 90) que a pesar de decir “melancolía” a mí me la disipe

 

Una canción de “Celtas Cortos” con la que olvidar las cartas que nos envía el pasado

 

. 

Ya no están sus recuerdos ni siquiera son

 

No están tan vivos ni el Capitán Trueno ni Sigrid

 

Nosotros los de entonces ya no somos los mismos (dijo Neruda)

 

Ya no queda casi nadie de los de antes

 

Ya no queda ninguna letra de quien fue, ya no es en mí

 

Déjame” no es sólo una canción de “Los Secretos

 

Esta vez en serio te lo digo

 

(Dile tú lo mismo al pasado)

   

. 

Y ahora que ya no está ella, que la tengo del todo en la nada de su propio olvido

 

Quiero decir a quien lee mi carta de hoy

 

Que con el tiempo yo he podido volver a recordarme a mí mismo

 

Que siempre se puede volver

 

A empezar

 

Y que desde hoy

 

Recuérdate

 

Que tú también lo harás

.

.

.

(sólo quiero decirte, como otras veces, que te recuerdes, que recuerdes tu vida sin dolor, con alegría, que más que el pasado te recuerdes a ti misma hoy, cada día,

sólo quiero decirte que el presente son todos los recuerdos de tu vida juntos,

y que si tú eres feliz cada "hoy", habrás sido feliz cada día de tu vida,

siempre se puede volver a empezar a vivir incluso lo que se nos quedó parado, a recuperar la alegría que se perdió durante algún tiempo,

y tú lo harás algún día, ya verás. Te deseo que sea pronto, para ver que "y tú sigues con tus sueños....".

Buen viaje hoy, siempre tendrás un viaje por hacer, ¿lo ves?

Ya sabes que en tu futuro tú eres la única imprescindible. En él sólo eres necesaria tú.

.

Un beso. 20 de abril 07)

20/04/2007 08:21 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre No hay comentarios. Comentar.

21/03/2007

CASI PRIMAVERA

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                   (Los girasoles,                                   de Van Gogh)

.

Los que ven el planeta desde fuera, cómo gira alrededor del sol, cómo vira hacia brotar, dicen que el 21 de marzo, hoy, empieza la primavera.

Pero es a veces difícil creerlo mirando el planeta desde dentro.

El 12 de marzo de 2.004, en mi pueblo, mirando hacia ayer, se me heló la primavera que llevaba tanto tiempo esperando. Entonces escribí lo que sigue, ya que la primavera no iba a ser por consiguiente:

.

.

CASI PRIMAVERA

(dilaciones de la vida bajo techo)

.

LA PRIMAVERA DE ATOCHA aguarda

debajo de las vigas de acero,

hacia el centro de la ciudad y los túneles

- mirándose en los tableros electrónicos

retrasos de varias vidas en luces rojas -,

.

una llamada de la periferia en que vive,

una particular ironía de las estaciones

para que la luz que en el tiempo dormita

se desOriente y sacuda del invierno

una humanidad que apuntale su estructura

y un nuevo plan de urbanismo.

.

Ya van abriéndose las rosas de ayer al mismo

vacío, huracán, hoy, cielo,

abismo sin alud artificial ni parasoles

que no acostumbra a vivir en microclimas

de terraplenes por donde a ciertas horas

la vista de la primavera produce atascos;

.

mientras debajo del techo

de los edificios públicos

la impaciencia por el día que luce afuera

trata a todas las miradas por igual;

.

sin embargo, espontáneamente

por requisarse a sí, el equinoccio a discreción

medió las horas de las vidas, mitades de tiempo

en el diferido de los televisores,

.

al lado de las noticias locales fue poca cosa el mundo.

.

.

Dan ganas de pensar en pasado simple

cuando el presente no es indicativo

del momento en que nos hallamos todavía,

pero las circunstancias que aguardan en el hall,

debajo de las vigas de acero,

a resguardo en los andenes de la memoria,

finalmente hay que vivirlas y también duelen.

Mientras alrededor de la red de transportes

Madrid sucumbe en sus glorietas,

                                                      palabras

donde naturalmente

se sugieren señales de peligro

y las primeras hierbas frente al cemento

cara a cara su luz verde manifiestan.

.

Sin necesidad de granadas o de pájaros

estaban a punto de volar las estaciones.

.

Era CASI PRIMAVERA en Atocha.

.

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(El vestíbulo de la estación de trenes de Atocha tiene un microclima.

Siempre, la estación allí dentro                                   es primavera,

o casi - al tratarse                                 de naturalezas bajo techo -.

Pero desde el 11 de marzo de 2.004,                           (que es hoy)

siempre faltan, cuando menos,               diez días para la primavera,

una atmósfera limpia desde su periferia,

unas vías por las que llegue puntual,

y 191 personas para disfrutarla.)

.

Dedicado a la memoria de aquellos para los que hoy, y ya siempre, será 11 de marzo de 2.004. Para los que será siempre casi primavera.

21/03/2007 13:01 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre No hay comentarios. Comentar.

20/03/2007

EL FUTBOLISTA DE LA FOTO

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Mirando en un álbum, pasando cual ave

de domingo la tarde volando le noto

que por su cara bonita Felismina no sabe

quién es el futbolista de la foto.

.

Han pasado los años y no ha cambiado de equipo

(de pronto en la radio el Madrid mete un gol);

Felismina riendo se desmarca en el hipo

y hace un regate al futbolista español.

.

Han pasado los años y ha dejado el estadio,

pero ahora conserva en el estante las botas,

y el Madrid que ha metido otro gol en la radio

no le hace olvidar sus pasadas derrotas.

.

A pesar de las medias, el color y el escudo,

nunca fue el mejor futbolista del mundo.

Pero jugó con el corazón hasta que pudo.

Hasta que fue lesionado profundo.

.

Y ansía dar más pases, vestirse de corto,

amar la pelota como hacía de chiquillo....

pero el míster que tiene, viéndole absorto,

le deja cada día en el banquillo.

.

Lo que tiene la vida; pensó que era un juego

y para aquellos partidos no se entrenaba.

Recuerda una tarde que jugó como ciego

cuando la pelota al pecho le llegaba.

.

La paró con estilo, sudor y elegancia;

pensó que tenía el balón en control.

Pero vino el contrario, oliendo a fragancia,

y él se dejó que le hicieran un gol.

.

Dijeron las crónicas que fue en propia puerta

porque amaba al contrario, no hizo ni faltas.

Su portería al final, que estaba abierta,

lo dejó marcado como el 12-1 de Malta.

.

Él siempre jugaba fuera de casa,

en la ida y la vuelta. Perdía; y luego,

tras ser visitante de la hierba rasa,

cayó dentro de ella en fuera de juego.

.

Su último encuentro como mito vivo

fue cuando vio en las gradas con lástima

que ella apagaba el carrusel deportivo

y le marcaba al fin la pena máxima.

.

No era portero, ni buen marcador;

no era tampoco de portadas de prensa;

no era bota de oro ni goleador;

pero lo que peor era era defensa.

.

Jugador melancólico, de copa y de liga,

con el escudo bordado en el corazón,

de aquella entidad que fue su amiga

y le bajó a segunda división.

.

Ahora sus rizos están en el pecho,

donde clavan los postes de una pieza;

aunque alguno queda torcido y maltrecho

de los remates que le hicieron de cabeza.

.

Él ya no es el futbolista que era.

Del tiempo aprendió que jugaba pequeño,

que el amor es una falta con barrera,

y que él nunca fue Butragueño.

.

Mirando en un álbum, espera que acabe

con el Madrid en la radio su pasado roto,

y que Felismina le gane, ahora que sabe

quién es el futbolista de la foto.

.

En un lugar entre Toledo y Madrid, 19-03-07, durante las cinco en punto de la tarde.

20/03/2007 10:34 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre No hay comentarios. Comentar.

17/03/2007

LAS VUELTAS PARA RAFA el de la tienda

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En un pueblo pequeño como el mío, tiene que haber alguna persona grande para llenar los huecos que dejan los demás.

Normalmente, el alcalde de un pueblo se preocupa tanto por que el Ayuntamiento vaya bien que pierde el cuidado sobre el resto del pueblo. El médico de un pueblo le da tanta atención a la enfermedad de sus pacientes que con frecuencia olvida que lo que importa es la salud, hacia ésta no deshecha en deferencias (casi nunca se tomen lo que escribo al pie de la letra, me hagan el favor). La voz del cura de un pueblo pretende a tanta altura la Palabra divina que fácilmente olvida que Dios ES SOBRE TODO el silencio, mucho más fácil de alcanzar.

No sé a quién leí una vez algo así como que Dios está inmerso en un proyecto mucho menos ambicioso. Los hombres debieran construir menos torres de Babel. En la barbería, la gente ya no habla de su pueblo. Se hacen diagnósticos de política exterior y de fútbol, pero nadie ha sido reportero ni ojeador de promesas, se habla todo de oídas y no dudan de lo que la prensa les dice. Los poetas de un pueblo (en este caso concreto, podrá no haber poetas en el pueblo, pero mientras haya una mujer hermosa, como dijo Bécquer, hermosa por dentro, apuntillo yo, habrá poesía) ya no escriben de una hija menor de un campesino porque no son capaces, inmersos en la búsqueda de palabras totales como islas del tesoro, de hallar la belleza que emana de la correcta proporción interior de la persona y que quizá, sólo si ésta echa luz desde dentro, tenga su punto álgido en unos ojos transparentes (suma de todos los colores) que dejen ver el paisaje humano de la claridad de ánimo y encanto a través de ellos. ¿Cómo encontrar la luz en una forma, si la luz es lo que está siempre escapándose de un sol? Ser poeta consiste en adivinar quién es un astro y comunicárselo al sistema universal, hay que escribir a veces sobre sombras para que hasta a los más ciegos del pueblo la verdad resplandezca. Si no seguirán diciendo que si no lo ven no lo creen, y es que ya se ha perdido la confianza ciega en los hombres, y hasta los novios de un pueblo se van a la ciudad a ver el cine.

La identidad de un pueblo ya sólo se mantiene en alguna tienda que fíe. Rafa tiene una, donde las señoras platican

qué tal tu marido

ahí anda, le duele menos ahora

mientras esperan con paciencia el jamón. Entre cuarto y mitad de chorizo y de hora (Rafa tarda lo suyo en despachar) los hilos del pueblo se tejen un día más. En un pueblo pequeño como el mío las plazas más públicas son las que se abren hacia dentro, como los buenos albaricoques. Los niños no lo saben, pero tienen escrito el estar deseando que llegue la época de recolectar los frutos sembrados.

Rafa, Rafita de toda la vida, está luchando contra una enfermedad de sus células. Eso lo saben todos porque ya es difícil un sábado ver la luz de la tienda encendida a través de tres rendijas de persiana a las tantas de la coche. Antes sí, se sabía que era Rafa limpiando las baldas, colocando los tarros, comprobando la caducidad de las latas de atún. Pero un día corrió por el pueblo, voz tras voz hasta hacerse jadeo, la enfermedad de Rafa, Rafita. Tuvo que dejar la tienda, su hermana se ocupó, y se le dejó de ver frotándose las manos antes de servirte quizá para que el pollo llegase con más temple a tu casa. Tuvo que cerrarse. Para su tienda antes abierta a todas horas si precisabas cualquier cosa fue una ausencia tan áspera como el papel que envuelve las compras.

Rafa, Rafita, cuando yo tenía 7 años me despachaba, con diligencia las menos de las veces pero con una agilidad grave, importante, el Frigo-pie de algunos días de verano a media tarde. Creo que era el único en el pueblo que no vendía helados de Camy. Era verdad que siendo tan crío y teniendo tanto que hacer sin poder tirar un minuto, ir a la tienda de Rafa suponía que te despachara Rafita, con lo que el tiempo no era una verdad absoluta, sino relativa, que se te podía escapar aunque fueses tú en bicicleta de carreras como hubiese dos o tres antes que tú. La teoría de la relatividad de Rafita, hipótesis cierta y reiteradamente comprobada, presuponía una incertidumbre de tarde preciosa que podía desaparecer, paradójicamente, en un pis-pas: lo que tardabas en ver el Frigo-pie en el cartel, que te dejaba atrapado, sin futuro, hasta tu turno, y con el miedo a que quizá algún amigo tuyo se hubiese llevado el último ejemplar de la nevera, donde sabíamos los críos que el Frigo-pie corría peligro de extinción permanente.

Eso era en verano, en el otoño los bollycaos con cromos de fútbol. Si se tardaba semanas y colesterol en completar la colección comprando el bollo en otra tienda, comprándolo en Rafita estaba el riesgo de que Hugo Sánchez se hubiese ido del Madrid. Pero dejemos ahora las chilenas del pasado, que yo era más de Butragueño.

Cinco duros valían los polos más baratos, los de naranja y limón, pero desconsiderando el derroche yo me perdía por el Frigo-pie y lo empezaba siempre por el dedo gordo. Así, mientras llegaba al meñique, el dedo que mejor me caía (mejor me sentaba y sabía), me iba haciendo a la idea de perder otro día de mi vida de niño para siempre. De mayor he procurado comportarme como antaño, derivando esa nostalgia congelada entre planta y empeine y con palo, en similar atención por los glaciares.

Hoy, dieciséis de marzo, dos mil siete, se me están deshelando recuerdos de entonces. Y esta vez ha sido Rafa, Rafita, quien me ha venido a la cabeza antes que el Frigo-pie, nata y fresa que te dejaba huella. Desde que el pueblo supo lo de sus células contaminadas, y desde que empezó a luchar frente a la enfermedad pacientemente como cuando echaba la cuenta y daba el cambio, fue posiblemente el titular con más minutos en las conversaciones, ni el paro ni el precio de un filete en otra tienda más cara o más barata, ya que un pueblo, que no es ninguna transacción sino una necesidad sin objetos consumibles, en tiendas como la suya se teje. Su ausencia a la hora de comprar (o las dos horas, ya que era lento como un caracol seguro de que el sol tarda mucho en irse) era notable y parecía que hubiese saqueado la tienda. De pronto era como si faltase de todo en la tienda de Rafa. Él proseguía lento y seguro el camino lleno de rayos de su recuperación, como de ese sol radiante que parece venir sólo para llamar a que salga el caracol. Y al final, siempre con la tienda a cuestas de él, que siguió siendo “la de Rafita” aunque se ocupase de ella su hermana, la enfermedad fue acobardándose en algún rincón caduco sonrojada, echándose hacia atrás, porque Rafa por primera vez en su vida decidía no servir lo que pedía ese atraco de la vida que no se sabe muy bien si acabó relegado para siempre al último puesto de la cola o se cansó de esperar a un hombre más fuerte y paciente que él y al final se largó sin tachar su requerimiento de la lista.

A Rafa se le empezó a ver casi por primera vez sin mostrador. Paseaba con su aplomo incluso en el rato de la siesta. Se puso a hacer lo que hacíamos los amigos cuando niños, echar la tarde por el pueblo, aunque tal vez por no ser ya finales de los 80 o porque no corresponde a un hombre de unos cincuenta años él no lleva nunca un Frigo-pie. En el pueblo alegremente se volvieron a oír partes (esa palabra de viejos que es noticia) sobre Rafa. Se le veía bien andando los caminos, felizmente para el tejido del pueblo.

Las autoridades de verdad de un pueblo son aquellas por las que los vecinos se preocupan sin que se les ocasione división, de forma unánime. No digo que el alcalde, el médico, el cura, el barbero, los poetas o los novios, de mi pueblo, no hubiesen circulado por hasta los corros más discretos en caso de que hubiesen padecido tal herida. Digo que sólo un vecino imprescindible para la intrahistoria de las mesas, las despensas, alacenas, y sobre todo los corazones de la gente, como Rafa, Rafita, puede ser el centro social, la plaza, de la gente corriente que no sólo come sustentos cada día, sino que se alimenta de otras viandas que más nutren. Mientras aquellos que hacen la historia del pueblo hablan del precio del pan, el alma o la aspirina, olvidándose a veces del pobre que lo paga, los que son Rafas, Rafitas, primero escuchan al otro lo que pide y luego, tras aviarlo, se lo alargan (que en extensión significa que le dan mucho más de lo que pueda parecer) en justo precio, que no siempre tiene por qué corresponder con precio justo.

Ya dije que en todo pueblo pequeño como el mío, debe haber alguna gran persona que eclipse los huecos que dejamos los demás.

Antes de acabar, decir que nadie rebusque más nombre propio en esta (intra)historia que el de Rafa, Rafita, única figura real en mi pueblo de Toledo y en el pueblo de palabras de ficción que creo cuando escribo, este último no completamente fiel a mis vecinos, pues el resto, desde el alcalde hasta los novios, entiéndanse arquetipos, personajes o rellenos del entramado de la (intra)historia, secundariamente necesarios para establecer la densidad de una escena coherente. Es como en la vida: no se bien valora una vieja lámpara si no se descubre bajo una vetusta pátina de polvo, ni un papel blanco hasta que no es encontrado entre cientos de páginas mal llenas.

Así, si se quisiere tamizar el sentido de este escrito, apréciese a Rafita únicamente. Y perdónenme, principalmente él, por sacar en este teatro su nombre sin máscaras, los errores y las faltas de atención en que pudiere haberles hecho incurrir la baja y tal vez aburrida manera que a veces tengo de escribir. Confío sabrán disculpar, si las tuvieren, las apreciaciones críticas a los personajes históricos de pueblos, pues no era tal la intención del autor sino manifestar que la auténtica cohesión de los mismos la hacen las personas que sirven al punto, como el caso de nuestro servicial protagonista, sin más demora que la impuesta por una correcta, cuidada y personal, atención al cliente. Confío igualmente en que no hagan una intención de lectura desde una perspectiva irónica, pues insisto en que las causas que motivan al autor no son otras que la exposición de una gran persona de su pueblo, y si alguno interpretase algún desdén o menosprecio hacia el resto de personajes (de ficción) que aparecen en esta (intra)historia deberá saber que sólo en su malintencionado punto de vista habrá de hallarlos, pues el autor se ha comedido a exponer como real a una sola persona de su pueblo. Bien pudiera hacer crítica, siempre constructiva, del resto de individuos y fulanos, mas habría de realizar esfuerzo en darles su verdadera psicología y conductas, por lo que será menester dejar tales faenas y ejercicios de estilo para más propicia ocasión.

Confío, finalmente, para compañeros de generación que gusten el deleite de míticos recuerdos, haber hallado un tiempo perdido en el saboreo literario de un viejo polo exquisito, como Proust hizo con su magdalena, y no haberles agotado la paciencia de llegar hasta el final en cuestión, motivo real de este escrito e intrahistoria de base de esta (intra)historia, que no es el que describiré a continuación sino el que retorne a Rafita como mi moneda de cambio, porque a pesar de haber cruzado con él poco más de

un Frigo-pie

cincuenta pesetas

hace unos veinte años, y de haberle abonado puntualmente en su momento cada uno de los pulgares y meñiques que me traen a paso ligero el sabor más delicioso de mi infancia, le vuelvo a deber algo, palabras al menos. De gracias. Porque hay muchas personas en un pueblo que donan cantidades ciertas para Mozambique, pero el sobre que me ha entregado mi abuela esta tarde, 16 de marzo, cuando he vuelto del trabajo, y que a su vez se lo había dado Rafa, Rafita, en la tienda esta mañana, me ha dejado a mí más bien un paladar de calidad, muy superior a la del Frigo-pie. El autor no puede dejar en este momento de manifestar que muchas personas merecerían un similar gesto sensible por su parte, pero confía en la humildad de quienes hacen la donación sin ánimos publicitarios para que no le exijan un texto de elaboración obligada, pues el autor entiende que es él quien está a disposición de la literatura cuando ésta quiere buscarlo, y últimamente sólo se pone a escribir cuando las (intra)historias del tipo del tendero y el helado se le presentan con toda la calma del mundo, sin intenciones secundarias de llamar la atención.

Por eso, nada más que porque son las (intra)historias las que definen el ritmo de la historia, el autor ha tardado tanto en escribir a Rafa y al helado de sus sueños, pero manifiesta que a pesar del tiempo derrochado no le ha costado nada, tratándose la trama de una persona de fiar, escribirla. Para Rafa, entonces, de cuya recuperación de salud y tiempo perdido el autor se alegra, estas pobres “vueltas” que por una vez ha de darle quien siempre pagó y no tiene fondos.

Guadamur, en una hoja de papel a cuadros como aquellas del colegio, a 16 de marzo de 2.007

Desocupado lector: si con gracia quisieres aportar alguna apostilla que sin duda enriquecerá lo dicho, pincha más abajo en “comentar”

17/03/2007 16:56 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre No hay comentarios. Comentar.

13/03/2007

TUS SENTIDOS

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LAS FLORES, si las miras, son espejos.

Si las tocas, en vilo y a tu fila,

pétalo de ti –FULGOR- en que se hila

si las hueles tu esencia; son reflejos

.

si las besas. Las flores son de lejos

si las sueñas -y aquí se despabila

contigo una-; y clAmor que se destila

si les susurras en busca de consejos.

.

Las flores, si las oyes, dan un susto

de aroma al viento, y si las nombras

le quitas a lo insípido el disgusto.

.

Si les eres y les ríes porque sí....

si las amas…. ¿todavía te asombras

de que las flores se sientan a ti?

.

Escrito en un lugar sin ausencias, en un punto del año 2.005

.

Foto: www.tatiana.info/pictures/hers.html

13/03/2007 20:31 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre No hay comentarios. Comentar.

06/03/2007

HISTORIA DE UN HOMBRE DE EXTRAMUROS

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Con vistas al águila imperial de Carlos V que se encuentra en el peñasco labrado de la Puerta Nueva de Bisagra, y siempre extramuros de Toledo, vive un vagabundo que no sabe que le escribo.

 

Duerme casi al borde del “ceda el paso” de los coches, pero ninguno se para para dejarle cruzar. Y es que, quizá por tenerlo todo a domicilio, nunca tiene que hacer nada al otro lado. Puede que una de las peores cosas de vivir en la calle sea no salir nunca de tu casa.

 

Hay un barrendero que limpia su salón por la mañana. El sol, como a un enfermo que se acude a visitar, invade cada día la intimidad sin sitio de su alcoba; empieza a calentar la cama de granito, y él, que se acuesta con los pájaros pero alea la soledad, se precipita al vacío de la jornada desde el somier de cuarzo, sólido y sin curvas como la vez primera que lo usó. Hambre no tiene, toda la noche ha estado relamiendo minerales, el feldespato del colchón le aporta calcio y sodio y cantidades pequeñas de magnesio y de hierro. Ni que arreglarse tiene la apariencia, la almohada le ha peinado con los dedos de la mica. Ya que débil es su día, al menos, el granito, le da la firmeza necesaria por la noche: es bueno que sus sueños no se hundan demasiado.

 

Después no sé qué hace, imagino que turismo. La base donde vive es el peldaño de la Oficina de Información de los turistas, que está en la esquina enfrente de la Puerta de Bisagra. Se pasará el día entre buon giorno y japoneses, lo que le hará sentirse más extraño, extranjero en su ciudad. La verdad es que vive en un imperio que nadie ha conquistado: el Cuarto Mundo de Toledo, que fue una urbe hasta hoy de Tres Culturas.

 

Su piel estará fría, como fachadas. En una ciudad de estatuas pudieran confundirle. Y tendrá 50 años, pero aparenta los que un resto del pasado, por lo que debe de ser arqueología. Si se le considerase al menos como fíbula o arcilla, o como cualquier especie de edificio, puente hacia el pasado, o si alguien excavase en su memoria, su dolor o corazón, si se le considerase, en fin, para saber qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos, o si se le considerase a secas, habría materia para un estudio antropológico y social, motivo básico de conocimiento y ejemplo insoslayable de la realidad humana. Se comporta, paradójicamente, de un modo esclavo hacia la vida, a pesar de que es tan libre que no actúa, ni trabaja, ni descansa; se comporta unidireccionalmente porque no tiene otro camino, porque es tan pobre que no posee otra forma ni de ser. Filosóficamente es un robinsón. No hay patrón más fiable de conducta humana, desnuda, que el de un náufrago en la acera.

 

Podrían llamarle “Viernes”, porque está al final de todo el tiempo; es el último hombre de la Historia. Cualquiera que le viese diría que es un fin de semana de hombre, porque nadie se ocupa de él. No parece, sino que es el día de descanso de la humanidad, éste mendigo. No sé cuál es su nombre, pero se llama como el día en que la gente acuda a los museos porque sean gratis, como un vagabundo que deja entrada libre a sus estancias y aún así nadie le da la voluntad, esa caricia. Es un centro subvencionado de pobreza; a él se le destina todo lo que no sirve para nada, la fiebre, el frío, calamidades… su obra maestra es una “Muestra de hambre”. Es un hombre opaco y detrás de todo brillo, pero un espejo de la sociedad: que no le ayudemos dice todo de nosotros. Nadie comisiona su exposición de dolor. Nadie hace cola para ver sus monumentos: una manta oscura y un arte de cartones.

 

En realidad no es un mendigo: no pide, no espera. Es sólo cultura de este mundo: la calle es el museo que muestra al ser humano. En este caso, no es él lo que se expone, sino la insolidaridad de los demás. Él es el alumno que aventajó al maestro, más pobre que lo que puede imaginarse. Ha superado en varios siglos las descripciones de Dickens. Si estuviese en mi mano otorgárselo, le doctoraría en Humanidades.

 

Ahora bien, adelante sigue el mundo. Se acercan elecciones, y él no es parte del programa. Dentro de unos meses decorarán su habitación. Carteles de partidos que no sabrán nada de él. Está partido en cada uno de nosotros, que llevamos la carga de tenerlo olvidado, pero no es parte del programa. Destrozado, y no estará en las listas de partidos.

 

Con mucha menos geografía que historia (cabe en una esquina que ni dobla) él es la más reciente, y la más vieja, Puerta de Toledo. A partir de él empieza un encanto de mezquitas, de sinagogas, de iglesias…. a las que no sé si alguna vez habrá accedido. Estando tan cerca de las torres más hermosas, las pinturas del Greco y las cornisas, estando a un tiro de piedra de Santiago, del circo romano, o del Palacio de Tavera, teniendo todo el día para entrar bajo los cobertizos, o para pedirle que se baje al Cristo de la Vega, y no sé si sentirá curiosidad, hambre, de Toledo. Es una pena que una persona así, con todo el tiempo que esta ciudad necesita que le dediquen, tenga que emplearlo en arrebatar el pan a las palomas del parque de la Vega. Toledo se muere por alguien como él. Quiere a gente libre, que pueda descubrir sus escondrijos. Toledo tiene ansia de japoneses e italianos que vengan con el tiempo propio de mendigos. Y otra vez: Toledo se muere por alguien como él (repetir la misma frase puede decir dos cosas diferentes).

 

No habrá visitado, quizá, ni el Arrabal ni San Miguel, pero eso no es algo de importancia. Seguro que la Puerta de los Leones, en la Catedral, tampoco ha visto nunca San Juan de los Reyes. Una ciudad es una maraña de sitios que se desconocen entre sí: jamás han presentado a las estatuas de Alfonso VI y Garcilaso. Este hombre, arquitectura o vagabundo, es el punto principal de las rutas por hacer, pero no aparece ni en las guías actualizadas ni en los programas políticos del mes de Mayo próximo. Este hombre no es una exposición temporal, ni está escondido en los fondos de un museo, ni se le valora como debe.

 

Pero yo le nombro el “sereno” que Toledo necesita, y no sólo por su tranquilidad. El caso es que él sería capaz de abrir las Puertas de adentro, las oxidadas puertas de la humanidad, si el mundo (que está fuera del mundo ante gente como él) le mirase de otro modo.

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Fuera del contorno del mundo y la ciudad, ante la Puerta Nueva de Bisagra, donde los coches dan la vuelta a la glorieta como girando ante la miseria y las desgracias, como dando la vuelta alrededor de él, existe la historia de este artículo extramuros en homenaje al arrabal y periferia de los hombres robados por la Historia, y un vagabundo que no sabe que le escribo.

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(Imágen: http://www.toledosigloxxi.com/postales/linares.html)

06/03/2007 16:03 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre No hay comentarios. Comentar.

01/03/2007

TOLEDO O TÚ

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Hoy me acontece hablar de ti, porque marzo fue el primer mes que te alejó.

Te sonará extraño (si finalmente lees estas líneas) esta voz mía congestionada. No es causa de la alergia -que las flores este año aún no las respiro- sino de aquellas tardes pasadas junto a ti que me pesan mucho todavía en las manos. Fíjate si eras el molde perfecto de mis palmas que, un año después de salir de ellas, has vuelto a dar forma a las palabras más hondas que escribo en mucho tiempo.

Será que eras como el aire: me rozabas y tras marzo desapareciste. Yo te necesitaba para respirar. Cuando entrabas por mi pecho barrías las hojas que estaban por el suelo de mi interior desde el otoño (el otoño era el período anterior a cada vez que te veía). Limpiabas las calles, las tortuosas calles de la ciudad de Toledo que había debajo de mi piel, esa ciudad en penumbra y romántica que estaba abierta para ti desde mi boca, y que era similar a la que hallábamos en el paseo. Lo que pasaba bajo mí cuando bajaba contigo por el Arco de Palacio, o por la calle Ancha, o por cualquier otra zona de adoquines que estuviese así desde la época romana, era igual que el entorno donde mi pecho te encuadraba. ¡Qué más decirte que me abrías otro Toledo en las raíces de la vida, en la base de los edificios que hacían las funciones de mi cuerpo, en los órganos vitales que dibujaban los cimientos de la ciudad de mi alma! Yo te necesitaba para algo más que respirar: para comprimir el aire y que me cupiese en los pulmones, porque mis sótanos eran callejuelas donde lo exterior que percibía no cabía ni por asomo. Contigo, Toledo y yo éramos diferentes a como habíamos sido el resto de la Historia: él se hallaba sin defensas ni secretos, y yo salía de mis murallas totalmente conquistado.

Cuando empezaba este escrito tenía previsto hablar mucho más de todo lo que te quise. Pero si tú le diste otro rumbo a mi vida (y finalmente, tras el viento de marzo, otra soledad a mi rumbo) espero que entiendas que mis palabras también a veces se me apartan del camino. Tampoco creo que te importe mucho que la protagonista al final de estas líneas pueda ser Toledo en vez de tú. Si así fuese finalmente (por lo que se ve, Toledo me inspira el mismo amor que tu memoria) deberías estar alegre y sentirte agraciada, única como un verso del siglo XVI, hermosa como un abrazo del Tajo por tu cuello. Comprende que siendo de Toledo, no tengo más remedio que intentar olvidarte con leyenda, olvidarte con un cierto amor por el pasado, olvidarte con un aire de grabado maravilloso en un libro antiguo, cuando en realidad hubiera querido siempre disfrutar de tu presente.

Con Toledo me pasa en una mirada todo el tiempo. Quiero decir que en un instante leo la eternidad en una piedra. Aprovecharé un instante para hablar de eternidad: pienso que la eternidad no es andar hacia adelante y no acabar nunca de llegar, sino aquello sucedido como una huella imborrable en nuestra vida y que jamás volverá. La eternidad es haber pasado una tarde en un río donde fuiste feliz, o los años de niño que ya perdiste y que sin embargo te dejan una mueca de alegría melancólica en los labios. La eternidad es algo de lo que tenemos constancia, algo que nos impregna cada día y nos llena el vacío que tendríamos por la mañana si no hubiese existido el día anterior. Es decir, que es algo que conocemos, pero que se nos escapa. Por eso, la eternidad no es un horizonte que nos sentemos a esperar, es una espalda que quisiéramos volver a descubrir. Pero ya no se puede dar la vuelta a lo que se quedó fijo en el corazón: la imagen de mi nostalgia por ti no es el sky-line de tu cara (perdona que no me haya atrevido a soltar de pronto “la línea del cielo que nacía sobre tus ojos”, porque ésta es una frase construida con unas palabras más tristes) sino la última vez que tuve de frente, y a mi alcance, tus hombros.

La eternidad no será mañana, sino que fuiste tú cuando te quedaste en ayer.

Ya no escribiré más sobre las tardes que estuvimos, solos y llenándolos, por los vacíos de la Historia; andando por los sitios que la ciudad no había ocupado; transitando nuestro espacio (el tuyo junto al mío) por calles sin tejado; libres como el agua que alguna vez me transformase en tu portal (como aquella vez lleno de ti que te hice de resguardo). Ya no escribiré más de Toledo contigo, porque este marzo del año dos mil siete ha venido con la misma penumbra que tuvo la puerta de aquel cine en que nuestra película acabó.

Ya no haré más de Garcilaso para ti. Ni te restauraré en mi corazón que no dejaste ni para Patrimonio Histórico. Ya no quiero ni saber, después de todo lo que me hiciste sentir (y escribir), y después de todo lo que te dije que significabas, por qué me dejaste llegar hasta lo más profundo de las cuevas del Toledo que descubrí a tu lado debajo de mí, si finalmente no me ibas a dar tu mano para salir de nuevo a la luz de la ciudad. A la luz inmejorable para leer un ejemplar comprado en una librería antigua, frente a la Puerta de la Catedral.

Te regalé aquel libro, pero te prometo que hoy, que ya es marzo (el primer mes que te alejó de mi vida), para que nunca puedas echar de menos la eternidad que todavía quedaba en mí por darte, escribo las últimas letras que me surgirán de cualquier recuerdo tuyo, y que, para que puedas leer tranquila las leyendas amargas de esta ciudad como si fuesen sólo leyendas, a partir de ahora ya nunca serás tú la protagonista cuando yo quiera escribir algo de Toledo.

01/03/2007 18:25 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre No hay comentarios. Comentar.

26/01/2007

(el frío en tu palabra)

20070126222447-nieve.jpg

(hoy, que ha nevado,

el ruido apagado de los copos,

se ha puesto a pisar viejos recuerdos...)

..

TU SILENCIO ES RECUERDO DEL INVIERNO;

de abismo húmedo y helada esencia

de sencillez extrema, con presencia

en la palabra callada en mi cuaderno.

.

Diciembre empieza en tu labio eterno

(la nieve le besó la transparencia);

se calla todo el mundo en tu paciencia;

fuera de mí, está mi amor interno.

.

Tu silencio es el morir del aire,

como leer con tu voz dentro del sueño

recuerdos que son ecos de tu ausencia.

.

Porque el resto, el exterior, es tu desaire;

donde todo el frío que oigo pone empeño

en perderme tras tu boca, y me silencia...
26/01/2007 22:13 Autor: davidelsur. Enlace permanente. Tema: Cajón de sastre Hay 1 comentario.

EL CÓLERA EN LOS TIEMPOS DEL AMOR

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"Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él" (Jonathan Swift)

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Mi amigo MIGUEL ÁNGEL CARCELÉN dirige una editorial SOLIDARIA en Toledo: Publicaciones ACUMÁN. Es increíble la labor que realiza. Pero ahora mismo hay una conjura de necios contra él. Aunque no le hace falta, porque él está por encima de lo bajo que le quieren pegar (él es bastante alto, sobre todo de corazón) quiero desde aquí manifestarle mi apoyo. En julio (podéis mirar en el archivo de este blog) escribí un artículo sobre él: "LIBROS SOLIDARIOS: ELLOS VENDEN AYUDA Y TÚ LA COMPRAS".

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No dejéis de visitar su blog: http://miguelangelcarcelen.blogia.com, ni la página de Acumán: http://publicacionesacuman.unlugar.com

(foto (aunque desenfocada): "LOS MOMENTOS DEL AMOR"; su niña, y la mía, Aliene en primer término, y Felismina, jugando con otros niños el día del cumpleaños de esta última)

   

“EL CÓLERA EN LOS TIEMPOS DEL AMOR”

 

Una vez, en plena guerra civil española, en lo más cruento de la saña (separado, no junto) se acercó Miguel Hernández a una casa donde había de celebrarse una reunión de importantes poetas e intelectuales de la época. Pero allí, Miguel no se encontró lo que esperaba, sino una fiesta por todo lo alto donde se hallaban algunos eximios miembros de la Generación del 27, con máscaras, disfraces y demás parafernalia farandulera, y no con plumas, como quizá más bien los tiempos requerían (no me negaréis que, sean los tiempos cuales sean, siempre requieren de la pluma y nunca de la espada). Después de algunos encontronazos de Miguel con aquellas personas, a quienes dijo lo que pensaba de su actuación en esos momentos, y como viese que no sólo caían en saco roto sus palabras pronunciadas para la búsqueda de