Se muestran los artículos pertenecientes al tema Mozambique.
11/04/2007
EL HOMBRE QUE CUMPLE AÑOS PARA OTROS
(El 22 de agosto de 2004 se inauguraron el puesto de salud y el centro nutricional de Muhalaze, Mozambique. En la foto, una señora del poblado agradecida al "arquitecto" ) .
Los de Bilbao somos la h.....
¿Bilbao.....? ¡pero si eres de Cuenca!Por eso, porque nacemos donde nos da la gana.
.Dice el chiste que los de Bilbao son tan espléndidos que nacen donde quieren, y todo el mundo se ríe.
Todo el mundo se ríe porque nadie conoce al hombre que ha nacido varias veces, en varios sitios, en muchas gentes, la primera de ellas en Bilbao.
La primera de ellas en Bilbao, Francisco Prieto Gil cogió la vez para venir a la vida. El primer color de sus ojos era de la luz del Cantábrico.
Era de la luz del Cantábrico porque ese niño, posiblemente, miraba tanto el mar que se le convirtieron en dos rías. Iba a la escuela y allí desembocaba un río que venía de detrás de él; iba a una segunda planta y allí subía la marea como los salmones que remontan el río para engendrar; iba a soñar cuando ya la luz se cansaba de tanto vaivén, y se llevaba las olas a su cuarto.
Y se llevaba las olas a su cuarto, es verdad. Allí abarloaban más buques que en otro puerto que no fuera imaginario, de noche, con el faro de quien quiere hacerse marinero y conduce al mar hasta litorales de sí mismo. Pero aún no era un viejo lobo de mar.
Aún no era un viejo lobo de mar. La deriva de la vida le llevó hasta Alemania. Entre ecuaciones e inflación llegó muy alto en su trabajo en el Banco, pero yo creo que en todos esos años de su vida tierra adentro lo que de verdad estuvo haciendo fue ahorrando mucho mar.
Fue ahorrando mucho mar como se enamoró del mar, “la mar, sólo la mar”.
La mar, sólo la mar, subió a su vida el tipo de interés. Lo más septentrional de Euskadi, cuando él nació por vez primera, era Machichaco. Con el tiempo, sin mirar al Norte, a mar abierto, como cuando era niño, llegó a ser lo más septentrional de su tierra, yendo hacia el Sur.
Yendo hacia el Sur, nació en la vez definitiva. Ya grandes sus hijos, construyó una maternidad en Mozambique; ya jubilado del banco, custodia los bienes de la economía del mar. Él es Aventura Solidaria.
Aventura Solidaria es él. Francis Prieto es las escuelas, el puesto de salud, el centro nutricional, la maternidad, los pozos, los huertos…. el préstamo de Bilbao a Muhalaze.
De Bilbao a Muhalaze, está claro, puede nacerse varias veces. El chiste dice que los de Bilbao son tan espléndidos que nacen donde quieren, y todo el mundo se ríe. Él tiene la sonrisa y el corazón de un niño -como Picasso, con diez años pintaba como Rafael, ha empleado mucha vida para aprender a dibujar como un niño- y ahora tiene el pelo lleno de gaviotas.
Ahora tiene el pelo lleno de gaviotas. Todo parece indicar que aquel 8 de abril de hace varias décadas, en vez de a luz le dieron a mar.
Le dieron a mar…….
.
(Ya te dije por mensaje que tu edad “es poco para quien cumple tanto en tanta gente tanto del mundo más nuevo como del más viejo. Hoy yo me siento felicitado de ti, gracias por ello. Parabens. Un abrazo”)
.
(Y ahora, ya ves, la marea me ha traído otros barcos, las palabras son barcos, para ti. Y quién sabe lo que nos seguirá trayendo a ambos por delante. A sus órdenes siempre, Capitán, por no abandonar jamás el barco...)
19/03/2007
UN HOMENAJE DE ÁFRICA

Mozambique está lejos, muy lejos, pero sus personas no tanto. Y qué decir si son personas y amigos a la vez.
Ya he hablado aquí, en otras ocasiones, de Felismina (sobre todo), de Francis, de Elidio, de Elena… de Iván algunas veces, y hoy quiero mencionar aquí especialmente a Raquel, que es médico y trabaja en el hospital Polana Caniço de Maputo.
Sólo la he visto una vez en mi vida: los últimos días que estuve en Mozambique fui, junto a otros dos compañeros, a ese hospital a hacerme la prueba de la malaria, ya que nos encontrábamos mal desde hacía unos días y era conveniente saber si la teníamos antes de volver a España. Raquel nos atendió inmejorablemente.
Y no volví a saber de ella hasta que surgió Iván, el niño de Mozambique que ha venido a España a ser tratado de su enfermedad, el sida. Contacté con ella por e-mail en alguna ocasión y se le nota que es una persona que está hecha de alguna madera diferente, no sé si de ébano o quién sabe de qué otro árbol africano. El caso es que ella, fuerte para llevar su vida en el hospital, hablaba de que
“es tanto el dolor extremo que presenciamos cada día, cada minuto, son tantos los cuerpos rotos que tenemos que tocar, aquellos que ya nadie se atreve ni a mirar, que necesitamos palabras de aliento para seguir adelante.
Sé que nuestros enfermos de SIDA no importan al mundo, simplemente no existen. Si todos los enfermos de SIDA de África desaparecieran al mismo tiempo ni sería noticia, nadie se daría ni cuenta.
Pero nosotros, tú, Francis, Elena y tantas otras personas vamos a seguir apostando por la vida de aquellos que el mundo ya considera muertos.
Nuestros pacientes no tienen ni dinero, ni estudios, ni belleza física, ni trabajo......pero tienen un nombre, una historia, una familia, tienen alma y tienen fe. Cada día recibo de ellos lecciones de humanidad y de resistencia hasta límites insospechados.
Podemos luchar desde muchos frentes, en mi caso yo me siento privilegiada por el lugar que me ha tocado en esta batalla, acompañar de cerca al pueblo en medio de mucho dolor pero en medio también de mucha VIDA.
(…)
Estamos en comunicación.
Las fotos de Ivan, sin comentarios, me quedo con la boca abierta mirándole. Nos acordamos de él las 24 horas del día.
Un fuerte abrazo de Raquel.”
Por eso quiero, humildemente pero con toda mi admiración por ella, rendirle desde aquí este pequeño homenaje que le haga considerar que aunque su labor diaria es dura y complicada no existen palabras (yo no las tengo, desde luego, pero creo que nadie tampoco) suficientes para hablar de lo necesaria que es, para el mundo que a mí me importa, ella y su trabajo completamente entregado a aquellos que si desaparecieran al mismo tiempo ni serían noticia y sobre los que el mundo no se daría ni cuenta. Yo quiero decirle que sí me doy cuenta, de ella y de quienes ella trata, y que quiero que los pocos que entren a leer esta página no se vayan de aquí sin conocerla.
Por eso me he tomado la licencia, Raquel, de reproducir algunas de las palabras de un e-mail que me enviaste, y espero que no te moleste que lo haya hecho.
Y a continuación, voy a reproducir uno que te envié hace algunas semanas:
“Hola Raquel:
me siento pequeño, muy pequeño, como un grano de arena al lado de una montaña, leyendo lo que dices. Porque soy yo quien te debe agradecer a ti tus palabras; soy yo quien es ayudado en todo esto y el que se anima viendo lo que hacen las personas como tú.
Ayer estuve en el hospital viendo a Iván y su madre. La verdad es que es muy duro ver a un niño como él, tan enfermo. Es muy duro encontrarse a una persona tan pequeña, tan débil. Pero ahí reside precisamente la grandeza de la vida: es el sobreponernos a esos momentos duros lo que hace que la vida no sea una cosa blanda, sin sustancia y sin forma. Esas cosas, que son tan duras, son también las cosas sólidas de la vida.
Porque en el corazón de esas cosas sí que hay dureza, fuerza, resistencia. Entonces se comprende que Iván no es débil, que probablemente debajo de él está el centro de la Tierra, que tiene que tener un corazón muy fuerte para resistir el empuje de esa enfermedad tan corpulenta que lo presiona pero que no puede con él. En el hospital, junto a Iván, pensé que los niños de África nacen cuesta abajo. Empiezan a rodar, a bajar por su propio peso, hacia la tierra. No se hacen daño nunca, porque nunca caen; la altura de su vida está a ras.
Pero ésa es, precisa y hermosamente, la cumbre del ser humano, la prueba de que la dignidad es el cimiento de la persona. Esos niños, como Iván, son todo dignidad. 100% pura y duramente. No hay nada que los pueda apartar de ello.
Quizá, quien no se haya metido nunca en la piel de África, no comprenda bien lo que quiero decir. Yo tampoco lo comprendo demasiado bien, puesto que no he hecho más que ir un par de veces a África y volver. Pero seguro que tú, Raquel, sí lo comprendes; lo sentirás día a día, trabajando de doctora en Maputo, entre tantos y tantos Ivanes; y ahora mismo debería callarme yo, porque debieras ser tú quien me escribiese a mí una carta para explicarme lo que tú sin duda sabes, y que yo sólo soy capaz de imaginar gracias a haber conocido a personas como tú.
Pero ya que estoy, voy a seguir escribiendo un poquito más. Ellos nacen cuesta abajo, sí, la ley de la gravedad (nunca mejor dicho: gravedad) tira de ellos desde el momento primero de su vida. Sin embargo, África no es un abismo, donde caigan; sino una montaña. Y más que una montaña natural, bella como el Kilimanjaro, África es una montaña artificial.
Creada por vosotros.
Por eso te decía al principio que yo me siento como un grano de arena al lado de una montaña creada por los hombres y mujeres más altos del mundo. Yo he tenido la suerte de ser “montañero”, y a mi lado me acompañaban gentes sin botas especiales de escalar, sino descalzos; la suerte de haber conocido de primera mano a Francis, a la hermana Elena, a ti… Vosotros sois algo más, más que la montaña África: vosotros, unos al lado de otros, ya sois cordilleras.
Supongo que te sonará el mito de Sísifo, que fue castigado por los dioses a llevar una piedra rodando hasta lo alto de una montaña, y cuando llegaba siempre se le caía hasta el fondo. Entonces bajaba y comenzaba de nuevo la ascensión. Y así eternamente.
Allí, lo vuestro es algo parecido. No paráis de escalar nunca. Lo que pasa es que no bajáis porque se os haya caído la piedra, sino porque volvéis para tomar una nueva y subirla hasta arriba. Vuestras piedras jamás caen. Viéndoos a vosotros, yo me río de la fuerza de la gravedad. Parece que para vosotros nada pesase. En el colegio me enseñaron que dos masas se atraen con una fuerza proporcional. Pero no es verdad, ¡ay, si nos enseñasen estas otras cosas desde pequeños! ¡Si nos enseñasen que, en realidad, la fuerza que nos mantiene unidos no es de gravedad, sino que lo que más une al mundo es la fuerza de sanidad, y que es una fuerza desproporcionada!
(Con las piedras que subís, subís la cumbre de África. La hacéis más alta cada vez.)
Porque Iván, ya lo decía el powerpoint, no es una isla, completo en sí mismo, sino que está ligado a la humanidad. Porque Iván no está solo. Nunca lo ha estado. Ni cuando nació, ni cuando se supiese por primera vez su enfermedad, ni cuando viajó hacia aquí por la altura de las nubes. Cada día de Iván es el día de todos, sea con sol o nublado.
Y ayer estábamos unos cuantos en el hospital con él y con Amelia, su madre: allí estaban José Luis y Elena, que es la familia que se ofreció a acogerlos en España, estaba Paula, una compañera de mis viajes a Mozambique, y estábamos Felismina, la pequeña África de mi casa, y yo. Pero, más que todos nosotros, allí estabais Francis y tú, Raquel.
Felismina estuvo correteando por la habitación, y entonces Iván no paraba de reírse. Estuvo casi todo el tiempo en la cama, porque no puede hablar ni andar, pero todo eso lo suple con reírse. Es más: al rato de estar con él, jugando y haciéndole reír, se animó y su madre le bajó de la cama, y dio algunos pasos. Luego cogió un globo que había por allí. Lo hacía todo muy despacio, pero notamos una mejoría desde que entramos en la habitación hasta que nos fuimos. Sólo en las casi tres horas que estuvimos allí, mejoró porque se sintió arropado por las pocas personas presentes. Es verdad, no es ningún cuento, se notó que tenía más fuerzas y ganas según iba avanzando la tarde. Claro que Iván sabía que no sólo estábamos allí 7 personas: sabía que detrás hay muchas otras, y a muchos kilómetros de distancia, lo que ha hecho crecer su perspectiva vital.
Supongo que ya sabes que los análisis y pruebas que le han hecho han dado resultados esperanzadores.
Y las personas como tú, son los resultados de los míos. La generosidad y la solidaridad soy yo quien te la agradece.
Un abrazo muy fuerte, como el que te darán los ojos de Iván en las fotos que te envío.”
Pues eso, un abrazo muy fuerte, Raquel.
Y, como se dice en estos casos: hasta siempre, que espero sea pronto.
David.
12/03/2007
PAPIROFLÉXICO CORAZÓN DE MOZAMBIQUE

Mi amigo Francis, me ha enviado, desde Mozambique, un correocon la noticia que reproduzco a continuación y que él extrajodirectamente de la página de “El Mundo”:
http://www.elmundo.es/elmundo/2007/03/04/solidaridad/1172981284.html Una monja española investiga el tráfico de órganos en Mozambique YASMINA JIMÉNEZ (elmundo.es)
Decía Nietzsche que el hombre sufre tan terriblemente en el mundo, que se ha visto obligado a inventar la risa. Sor María Juliana es la madre superiora del Monasterio Matter Dei de las Siervas de María en Nampula, Mozambique. Su rostro revela que es una mujer que ha sufrido profundamente y, sin embargo, tiene siempre una sonrisa dibujada en el rostro.
Amenazada de muerte desde que su nombre saltó a la luz tras denunciar la desaparición de más de un centenar de niños para el tráfico de órganos, Sor Juliana –como la llaman todos- trabaja desde hace más de 30 años en el país africano recogiendo y atendiendo a los niños huérfanos de la región de Nampula, la tercera ciudad más importante de Mozambique.
"Cuando llegamos al país, cuatro hermanas y yo, faltaba un año para la independencia y entonces conocimos al pueblo sencillo de Mozambique. Una experiencia maravillosa", recuerda la hermana antes de relatar la tragedia que vivieron después. "Este pueblo de África tiene grandes valores culturales, más que valores son auténticos tesoros culturales. Todo el mundo cuidaba de todo el mundo en las aldeas y los niños se movían libres como pájaros", explica.
Sin embargo, tras la independencia de Mozambique llegó la guerra, como ocurrió en casi todos los países del África Subsahariana, y la congregación de esta religiosa española vio como poco a poco se desmoronaba el país que había aprendido a amar a través de su gente.
"Los valores se perdieron, aumentaron los huérfanos y las viudas, pero sobre todo, aumentó la pobreza", afirma arrastrando las palabras Sor Juliana. A raíz de todo el revuelo político armado empezaron a desaparecer niños en el país.
En el monasterio de Nampula sólo eran conscientes de estas desapariciones a través de la prensa, hasta que en el año 2002 el fenómeno se extendió hasta su barrio. Poco después apareció el primer cadáver mutilado de una jovencita en uno de los campos del orfanato. Sor María Juliana comenzó a investigar tras ver sufrir a sus vecinos, madres y padres completamente destrozados por la ausencia de sus hijos.
"Al principio nos creíamos las versiones que daba la gente para entender los asesinatos, pero después vimos que los menores, de entre 12 y 15 años, aparecían muertos sin algún órgano", asegura horrorizada, a pesar del paso del tiempo, la religiosa.
Según el propio Gobierno de Mozambique, más de 1.000 niños desaparecen al año en el país. Cuando Sor María Juliana comenzó a denunciar lo que estaba sucediendo en su comunidad también se sucedieron las amenazas de muerte. Ella se muestra tranquila, pero en el fondo tiene miedo por las hermanas que están bajo su responsabilidad. "Por favor, sólo pido una cosa, que no se hagan públicos algunos nombres que podrían complicarnos la situación en la zona", suplica con una sonrisa y añade: "Tenemos informes de otra clase de actividades de tráfico humano que no podemos exponer ahora".
Pese a sus declaraciones, no le preocupan las enemistades ganadas a causa de las denuncias. Para ella, lo que está pasando en Mozambique "es un caso de conciencia ante Dios y ante la humanidad, que no podemos silenciar aunque haya que dar la vida por este motivo".
Sor María Juliana trabaja con el fiscal de la región por recomendación del Fiscal General del país, que le aconsejó no tratar con la policía. Actualmente, esta pequeña congregación ha convencido al pueblo para que mantengan los ojos abiertos y estén alerta ante cualquier amenaza. "Hemos documentado casos de niños que son engañados para subir a un coche o secuestrados directamente. Detrás de nuestro orfanato hay un aeropuerto que se utiliza de forma clandestina durante las noches", explica la hermana para hacer entender cómo actúan las mafias.
Antes de dar por zanjado el tema, la madre superiora se lleva las manos a la cabeza para preguntarse qué nos está pasando: "Esta sociedad está adormecida ante tanta desgracia, que se ceba especialmente en los países pobres, ante tantos horrores. Esta sociedad está enferma, carece de valores, y lo que le sucede a nuestros niños es un reflejo de lo mal que estamos los adultos", explica antes de concluir diciendo: "La Historia nos juzgará, igual que nosotros hemos terminado juzgando la esclavitud o las cruzadas".
________________________________________
___________________________________________________
Y por último, en la página 45, en la sección titulada “los niños”
de un libro publicado hace unos meses que se titula “Latitud todo sur”,
aparece el siguiente soneto: “sin vista, sin estómago, sin lengua?”a la hermana Juliana Álvarez, por su denuncia
HAY niños que no saben cómo hacerdibujos con azules o con rojos,cansada es la mirada de sus ojos,qué diría el color, vamos a ver? Hay niños que no empiezan a comerporque son de aminoácidos muy flojos,y niños con estómagos tan cojosque andan y se vuelven a caer. Hay niños sin lenguas y sin gatos.Quién la comió? Hablan sólo por los codoslos rasguños ladrones de sus hatos. Niños que no están en el papel de la dislexia,músicas de iglesia, que si quieren tener todoslos órganos han de hacer papiroflexia.Imagen: http://www.dibujosparapintar.com/26/02/2007
ASI SE DIBUJA LA HISTORIA

I Esclavitud en pie o La naturaleza muerta de una pirámide
.
¿Qué era una pirámide sino una dirección donde un hombre viviese como un rey el período de eternidad que ha de soportar muchas veces su vejez?
.
Una sociedad se valora por el modo agradable en que trate a sus viejos sin que tenga para ello que usar el eufemismo “tercera edad”. Es más bella la palabra cuanto más precisa y tajante. Aquellas que nos salen de la lengua con cierto roce en nuestra boca dan un empujón al aire como si dijesen jardines de jazmines jadeantes o jilgueros que juegan en junio al salir de su cobijo. Juan Ramón Jiménez usaba “j” en vez de “g” cuando el sonido era fuerte, cuando el sonido era de “antolojía”. Los hombres viejos son la antología de la humanidad. ¡Qué justa la palabra cuando muestra lo que siente, como en viejo, como en joven, como en candileja!
La palabra vieja no siente enfermedad, ni olvido. Suena como sonaba, sin que el tiempo le haya hecho envejecer. No hay residencias para palabras, ni hospitales de palabras. Ni siquiera hay oficinas de objetos perdidos de palabras, aunque a veces se nos vayan de la memoria, lo que es una pena tan grande como ver morir a un abuelo. Pero cuando se muere una lengua lejana, normalmente en África, todo un mundo desaparece.
Digo todo esto porque en Mozambique raramente se oirá “tercera edad”. “Viejos”, “viejos”, “viejos”…. tampoco, la verdad. Allí la palabra viejo no se aplica por edad, sino según esperanza de vida. La vejez se puede dar en la primera edad, en los niños que mueren de viejos aun siendo niños; o en aquellos que sufren los viejos dolores de siempre, enfermedad y hambre, en la segunda edad. Allí, quien llega a los años que aquí se dicen de la “tercera edad”, quisiera que le llamasen plenamente “viejo”, como recalcándolo. Y es que menuda alegría debe ser que a uno le digan allí: “mira que eres viejo”. Allí la vida no tiene tiempo de pensar otro lenguaje.
Quien haya estudiado arquitectura habrá tenido alguna vez algún delirio de pirámide, es decir, construir una obra inmensa, de arte a la vez que de función. Una obra a toda costa, por encima de casi todo. En las aulas de las escuelas de Arquitectura te quieren meter en el cerebro que desde lo alto de una piedra cuarenta siglos pueden contemplarte. Te dicen que los arquitectos fueron casi la cumbre de la escala, que por encima tan sólo estaba el faraón, pero que a lo largo de la historia fueron perdiendo privilegios y poderes, hasta hoy. Quien haya estudiado arquitectura habrá soñado con torres de Babel más de cien veces. Esto es lo que enseñan a quien tiene el deber de construir la felicidad en las ciudades, una ambición de forma que perdure con su nombre a lo largo de los siglos, una búsqueda que se dirige a la estética del continente antes que a la ética del contenido, y una intención de hacer notar su firma en la línea del cielo.
Pero a quien haya aprendido arquitectura según el módulo interior del hombre no podrán dejar de emocionarlo los esclavos más que la pirámide. Preferiría, a pesar de admirar el prodigio triangular que se yergue sobre el tiempo, que jamás hubiesen existido arquitectos capaces de soberbia semejante.
Si fuese el rey de los arquitectos, con las llaves de la ciudad, del sol y la ventana en los moldes de mis manos, liberaría a la arquitectura de su eterna esclavitud: la de levantarse buscando el infinito para agradar a unos pocos, mientras la gran mayoría, por su causa o por su olvido, tienen su residencia fija –a pesar de su inestabilidad- en el barrio de la pobreza.
.
II Las 7 maravillas que creó en el mundo antiguo Phrancis I
.
La vejez de un hombre es su cúmulo de aciertos. Francis, uno de los pocos que hoy en día se preocupan por hacer monumentales edificios a la medida de aquellos que otros utilizarían como esclavos, continúa acumulándolos en esos años al sur de su vida. Él podría pasarse los días en un camino de agua como el Nilo, porque los barcos son su pirámide y el mar su Valle de los Reyes. A Francis le gusta más el mar que una plaga de botellas de vino de Rioja. Pero él, un día de hace tantos años que desde aquel momento una escuela, un puesto de salud, un centro nutricional, una maternidad, además de muchos pozos y huertos, le contemplan, decidió quemar sus naves un poco y echar el ancla donde pudieran arraigar sus ramas altas del color de los almendros cuando echan la flor. Como buen capitán pensó: “los niños y las madres primero”, y entonces hizo aquello de las escuelas, los centros y la maternidad. Cuando ya aquéllos se habían salvado del primer escollo, miró a los otros, aquellos en cuyo trato se valora la calidad de una sociedad, los viejos de los pobres, los más pobres entre los viejos, o viceversa, tanto da, y decidió hacer lo mismo por ellos. En esos momentos, Francis ya sabía que si la nave se hundía se hundiría con él, como buen capitán, insisto. En esos momentos ya sabía que todos somos miembros de una misma nave, la Tierra, que empezó a hundirse por los sitios pobres como Mozambique, y que, como el mayor trasatlántico que pueda imaginarse, acabará hundiéndose por completo si no se repara a tiempo, igual que un barco por grande que sea se viene abajo por una sola vía de agua abierta durante demasiado tiempo.
Cuando Francis se fue a Mozambique y desembarcó “Aventura Solidaria”, ¿habría leído a Mark Twain: “la civilización es la multiplicación de las necesidades innecesarias”?
¿Y a Pearl S. Buck: “estar contentos con poco es difícil; con mucho, imposible”?
.
III Una habitación para una nueva vida
.
“La construcción no podía ser más pobre: adobe y terrazas hechas de madera y caña amasadas con barro…” (de Breve historia del urbanismo - Lección 3: La ciudad antigua – Fernando Chueca)
.
¿Habéis visto “Tierra de faraones”, la maravillosa película de 1.955 con dirección de Howard Hawks y guión del Nobel William Faulkner?
En ella se narra la “arquitectura de una obsesión” (en palabras de un crítico), la del faraón Keops, que ambiciona una construcción que le sirva de entrada a una “nueva vida”. Para ello encarga el proyecto a Vashtar, arquitecto.
A lo largo de los tiempos cambian las formas, pero no las pulsiones. El faraón de Muhalaze, Phrancis I, heredero de aquellas viejas obsesiones arquitectónicas, ha decidido hoy en día construir una pequeña barriada para la nueva vida de los viejos del poblado del que él, dando la vuelta a la pirámide social, es esclavo en Mozambique. Ha decidido que su siguiente proyecto sea la edificación de 20 pequeñas casas, de una sola habitación y un pequeño baño, para los viejos de los pobres, los más pobres entre los viejos, o viceversa, tanto da. Hoy en día la pretensión de los faraones sigue existiendo, pero han cambiado las formas: los faraones de hoy en día no construyen para ellos, sino para la vejez de otros, mucho más pobres. Y sin látigos ni esclavos.
Su encargo, que le llegó al arquitecto por e-mail, venía con un dibujo a mano de la planta de la unidad residencial, que consta de una habitación para la cama, un armario y una mesa, un pequeño baño anexo, y una terraza en “L” en el final de uno de cuyos brazos se encuentra la cocina. Cada casa llevará, además, una huerta.
El terreno donde se situarán las edificaciones es cuadrado, de 120 x 120 metros, como la base de una pirámide, aunque la pirámide del Keops original mide 230 metros. En ese cuadrado se dispondrán las 20 casas según dos hileras enfrentadas. Para la ordenación urbanística del lugar, el arquitecto ha propuesto al faraón una idea romana: la de poner dos calles perpendiculares para la circulación interior del barrio, de modo que finalmente se van a dejar 3 calles en dirección Norte-Sur (a modo de Cardo romano) de 4 metros de anchura, más que suficiente para el lugar donde se implanta la actuación, y una calle en dirección Este-Oeste (el Decumano romano) de 5 metros de anchura. En el cruce central, donde los romanos situaban el foro, se encontrará un edificio social, para los viejos que se encuentren enfermos y para lugar de reunión y encuentro. Tendrá 4 habitaciones: una para que puedan ir a charlar y pasar el rato; otra con dos camas para los que estén enfermos; y otras dos para que vivan las cuidadoras de éstos; además habrá dos baños, uno para las cuidadoras y otro para el resto.
Ya dije más atrás que a quien haya aprendido arquitectura según el módulo interior del hombre no podrán dejar de emocionarlo los esclavos más que las pirámides. Quiero decir que este encargo, junto al de la maternidad de Muhalaze hace casi dos años, han sido los más impresionantes, felices y emocionantes, que un arquitecto pueda recibir.
Hacer que el terreno sea habitable para el hombre, sin más materiales que los que se tienen a mano, sin gastar más que lo preciso, debería ser la única intención de un arquitecto.
Por eso tú eres arquitecto, miras a los árboles para aprender a crecer desde la tierra, y a los hombres para crearles una casa felizmente; una casa, el lugar donde uno es esperado, según leí en algún sitio alguna vez.
Ya sabes, Francis, que aquí estamos para poner los lapiceros a disposición de tus ideas. Espero tus proyectos para dibujar nuevas historias.
07/12/2006
LA BONDAD ES LA ÚNICA INVERSIÓN QUE NUNCA FALLA

EL TEXTO QUE VIENE A CONTINUACIÓN ES UN E-MAIL QUE HE ENVIADO A TODOS MIS CONTACTOS, PARA AYUDAR A MOZAMBIQUE. POR FAVOR, SI LEES ESTO Y PUEDES AYUDAR, O DIFUNDIR LA NOTICIA PARA QUE AYUDEN MÁS PERSONAS, EL MUNDO SERÁ UN POCO MEJOR GRACIAS A TI.
.
TAMBIÉN HE ENVIADO A MIS CONTACTOS UNA PRESENTACIÓN CON FOTOS Y MÚSICA. SI QUIERES QUE TE LA ENVIE, ESCRIBEME UN E-MAIL A davidelsur@yahoo.es O DEJA UN COMENTARIO EN ESTE BLOG Y TE LA HAGO LLEGAR.
.
MUCHAS GRACIAS A TODOS, HERMANOS Y AMIGOS, POR CREER EN EL MUNDO. PORQUE "LA BONDAD ES LA ÚNICA INVERSIÓN QUE NUNCA FALLA" (David Thoreau).
.
(la foto es de hace aproximadamente 1 año, en Muhalaze, durante los "comedores de campaña" que estableció "Aventura Solidaria" para dar alimento a 1.000 personas durante 3 meses, debido a la extrema crisis en que se encontraban por una grave sequía).
.
.
_
_
Hace unos meses, gracias a un e-mail de petición de ayuda y a la ayuda de muchas personas, Felismina, una niña de Mozambique de 5 años, con graves quemaduras en medio cuerpo, pudo venir al Hospital de La Paz de Madrid, a ser intervenida. Desde entonces su recuperación es muy favorable, tanto como el corazón de las personas que colaboraron para traerla.
Gracias a todos, de corazón. Cada uno fuisteis reenviando ese e-mail a vuestros contactos, y conseguimos ver cumplido el sueño: Felismina llegó a España para curarse, y la acompañó Rita, otra niña mozambiqueña de 6 años, a quien se diagnosticó histiocitosis, y que ya volvió a Mozambique, donde estudia y está siendo tratada gracias a la familia de Bilbao que la acogió en España. Durante todos estos meses, os hemos ido enviando correos y fotografías acerca de la evolución de las enfermedades de las dos niñas.
Ahora no es a un@s niñ@s a quienes hay que ayudar, es a much@s. Ahora no se trata de un problema concreto, sino de muchos, resumidos en hambre, enfermedades y pobreza, todo ello evitable. “Fundación Aventura Solidaria” ha construido en Mozambique una escuela para 1.260 niños, un ambulatorio para 90 consultas diarias (actualmente está siendo homologado para administrar el programa de retrovirales contra el sida), un centro nutricional para 90 niños (donde iba Felismina), una iglesia como centro social, una maternidad recién terminada hace unos meses, y 30 pozos para hacer más pequeñas las caminatas de varios kilómetros a gente que no tenía ni agua para beber. Además se han apadrinado los estudios de formación profesional, e incluso universitarios en algún caso, de much@s jóvenes.
Las sequías han impedido que las familias de Muhalaze (aldea cercana a Maputo, la capital de Mozambique) pudiesen cultivar los pocos alimentos con que subsistían. Este hecho ya sucedió otros años, y con sólo 60 euros diarios se pudieron abrir unos “comedores de campaña” donde se cocinó arroz para 1.000 personas durante 3 meses, es decir, que cada persona sigue viviendo gracias, al cambio, a 10 pesetas de arroz. ¡mil personas siguen dando de sí a su vida sólo por 10 pesetas de arroz, pollo o peces! (adjunto os envío dos fotos de los comedores). Este e-mail pide ayuda para poder “enseñarles a pescar”, al mismo tiempo que, en las épocas difíciles de sequía, se les “da el pez” para que no mueran. Es duro decirlo así, pero es la realidad. Por eso pedimos ayuda, porque es muy grande lo que podemos hacer incluso con lo más pequeño de nosotros.
Quien pueda, por favor, que colabore en los siguientes números de cuenta:
0182-0086-48-0201577138 (BBVA)
2100-4125-43-2200016673 ( La Caixa )
(indicando en el concepto: “Mozambique”)
Las donaciones tienen derecho a las exenciones fiscales previstas por la ley. “Aventura Solidaria” es una ONG donde el 100% de lo recaudado llega a los proyectos. No hay gastos de estructura ni publicidad. También os envío, en archivo adjunto, el certificado de ingreso de las cantidades obtenidas anteriormente para Aventura Solidaria.
Os pedimos, como en el caso de Felismina, que reenviéis este correo y lo comentéis a vuestros contactos, para hacer todo lo posible. Descarga la presentación del archivo adjunto. Espero que te guste. Creo que merece la pena verla y dejar que los ojos brillen de emoción mientras el corazón late con la música. Ponte en la piel de la música que vas a oír y estarás en la piel de tu corazón. Está reducida un poco la calidad de las fotos para que no ocupase demasiados megas. Todas las fotos son de los viajes de colaboración a Mozambique de los amigos de las ONG´s “Berit” y “Aventura Solidaria”.
Este año ha sido feliz para FELISmina. Que el que viene sea una mina de felicidad para los amigos de ella en el centro nutricional de Muhalaze, y para todo el mundo, especialmente los más necesitados.
Gracias. Con esta palabra bastaría.
Guadamur (Toledo), a 4 de diciembre de 2.006
David Melar Cuartero
925291241 - 667005491
e-mail___davidelsur@yahoo.es – dmelar@hotmail.com
Si quieres alguna aclaración, o para cualquier cosa, no dudes en contactar.
Por favor, REENVIALO y si lo crees conveniente comenta algo a tus contactos para que la cercanía y credibilidad sean mayores, al llegar los correos sucesivamente de personas conocidas. Gracias por hacer que la verdad de los más necesitados llegue a cuanta más gente mejor para ayudar lo más posible.
Felismina, Mozambique y yo, os deseamos FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO 2007.
25/11/2006
EL INGENIOSO SOLIDARIO DON FRANCIS DE MUHALAZE

(Foto: con Francis y el plano de la maternidad, durante su construcción, agosto 2.005)
.
Cuando llega el mes de Noviembre, se le están acabando las medicinas. No sólo las del centro de salud de Muhalaze, que él cuida en la mitad de la sabana de Mozambique, sino las propias, que son las que cuidan de su corazón, en cuya mitad también está la sabana, como si el contorno de su corazón fuera África con su naturaleza prendida (en su interior).
Otro día escribiré toda la historia de este ingenioso caballero de Bilbao que recién jubilado y con su corazón por escudero fiel y servicial, salió sin Rocinantes ni armaduras, con la adarga antigua de su generosidad, y la hidalguía de su sangre noble ya no por nacimiento sino por crecida humanidad, a desfazer los entuertos que su ánimo aventurero encontrase con paso solidario. Cuando llegó y vio que la olla allí yacía sin vaca y sin carnero, y que ni salpicón las menos noches, y que ningún día era viernes porque nunca había lentejas, y que siempre era sábado porque los duelos y quebrantos diariamente hacían su aparición, y que por añadidura ningún palomino anunciaba los domingos, cuando llegó y vio todo esto, digo, no es que sintiese como Don Quijote el enamoramiento de una dama ideal que lo lanzaba a la lucha en pos de proclamar la fermosura de su dueña, sino que, viendo cuán desaliñada iba ésta, y cuál sufría la desdichada, no tuvo otro remedio (dada como estaba, claro está, su condición gallarda y altruista) que dar comienzo a su Aventura….
Su dulcinea era que la Pobreza no acabase con los niños, no los dejase apartados del mundo maravilloso al que entramos en conciencia gracias a las letras que nos lo explican y nos lo hacen más cercano, no les devorase los estómagos, y no les dejase para siempre en pañales. Este caballero de Bilbao buscó a varios escuderos, ahora sí, para firmar con la fuerza de sus brazos la forma de la “Fundación Aventura Solidaria”. Sus amigos le apoyaron y construyó desde entonces el centro de salud, las escuelas, el centro nutricional y la maternidad, y además decenas de pozos y huertos.
Esto de momento, porque la Aventura continúa….
Otro día escribiré más despacio y punto por punto toda la historia de Francis, que es la prueba de que el mundo está vivo y de que tenemos que cuidarlo y nos darnos por vencidos. Tenemos que pensar que tenemos futuro, pero para ello hemos de cuidar los árboles casi del mismo modo que a las personas, desgastando el mundo lo menos posible y reciclándolo todo lo posible. Cuando todo el mundo esté construido quizá podamos permitirnos el lujo de destruir una parte (siempre y cuando sean cosas) porque ya no nos guste o nos aburra, pero mientras haya una parte del mundo por construir no podemos destinar la más mínima energía a otra cosa. La historia de Francis son las alas de poder creer en nosotros.
Hace pocos años, todavía adolescente, mi sensibilidad se iba moldeando gracias a libros que me llenaban, canciones que me tallaban, o películas que me iluminaban, y, por supuesto, gracias a la familia que me iba cuidando las alas, y a los amigos que me ayudaban a usarlas. El mundo era para mí como el país maravilloso de Alicia, y me creía que mi mundo empezaba y terminaba así. No hubiera cambiado nada por nada del mundo.
Pero me alegro de que mi mundo haya cambiado. No es que ya no me conmuevan la literatura, la música o el cine (me enaltecen aun más), sino que las historias como la de Francis, que tengo la suerte de vivir en primera persona, me emocionan infinitamente más.
Te conocí en Maputo, Francis, a la salida del aeropuerto, un 10 de agosto de 2.004 ya lejano por todo lo que después ha sucedido. Apenas dos semanas en África y no volví a saber de ti hasta mayo del año siguiente, demasiado tiempo quizás, ya que los principios no unen del todo en ellos mismos, sino que dan paso a los medios. Ya en mayo, vía e-mail, nos enviamos las propuestas donde se dibujaba la maternidad que tenías en mente. Gracias. En la Escuela de Arquitectura de Madrid jamás me habían propuesto un ejercicio tan conmovedor. La arquitectura es llevar un camión viejísimo lleno de arena y cemento por un camino casi imposible, a levantar varias hiladas de humanidad en un lugar más desamparado que la primera cabaña de los tres cerditos. La arquitectura es lo que tú haces. No es una portada de revista con un edificio singular, es hacer pluralidad, nacerla. El arquitecto, en palabras de Umberto Eco, es posiblemente el último humanista en los tiempos que corren. Debe saber no gastar, e, incluso, quedarse al límite de las resistencias. Me duelen los edificios que por “hacerse bonitos” gastan decenas de millones de pesetas en una sola viga con el único fin de que en la fachada de un centro comercial no apareciese un pilar (lo dijo un profesor de Proyectos 7 que estaba construyendo ese edificio insensible, lo digo porque ni la viga ni la fachada sentían nada de nada, seguro). La arquitectura es economía solidaria, es hacer de Robin Hood, es no poner aquí y poner allí, hacer esta pared divisoria más pequeña y aquella puerta de acceso más grande. No es salvar grandes luces mediante vigas de canto considerable, sino dar a luz pequeñas vidas. Con la maternidad, por primera vez dibujé creyendo en lo que hacía, ya que era un edificio que iba al grano de la vida, donde la complejidad humana era tan fantástica que no fue difícil imaginar la construcción mediante bloques de cemento y chapas metálicas, de París entre una planta rectangular de suelo africano, para las cigüeñas que traerían a los niños de Muhalaze, si no con un pan bajo el brazo, al menos con su vida dignísima en un nido apropiado.
Unos días después viniste a España, y nos volvimos a ver a primeros de junio, 2.005. Cada seis meses te presentas por aquí para ver a tus hijos, concretar más ayudas, contarnos historias con tu risa hemisférica, y, que no se te olvide, coger las medicinas para otros seis meses de tu corazón. Porque tu corazón es más Don Quijote que tú, ya lo sabes. Me lo dijiste ese 3 de junio cuando te llevé a la calle Puerto Rico, en Madrid, después de perderme con el coche, como siempre. Me dijiste que andabas y nadabas para fortalecer tu corazón, que había sufrido una caída de Rocinante siete meses antes, durante tu última venida a España. En aquel entonces te había hecho permanecer dos semanas más de lo que tenías previsto, en un hospital de Bilbao. Pero volviste a Mozambique en cuanto pudiste. Espero que no te importe que diga que sufriste un infarto, sé que Cervantes no puso en tal lid a su protagonista, pero quiero decirlo para que se sepa cuán espléndido eres, incluso más que intrépido y que amable, y cuál poso de filantropía guarda ese tu corazón, que se levanta y vuelve a recorrer los caminos para deshacer los agravios. Porque tú votaste a bríos. Tú volviste a Mozambique.
Napoleón decía que un ejército está vencido desde que se cree vencido. Yo digo que un hombre vence desde que se siente vencer. Tu corazón es grande y poderoso, Francis, y tú vences a tu corazón, incluso. Ni siquiera tu corazón, convaleciente a veces, puede contigo. Hay pocos hombres de los que se pueda decir que son incluso más grandes que su corazón.
Tú vencerás y además convencerás.
Volviste a Mozambique, pues, y dos meses después, agosto de 2.005, nos esperabas de nuevo en el aeropuerto. Yo subí en tu coche, lo recuerdo, para dirigirnos a la Universidad y luego al lugar donde nos alojaríamos, y todavía íbamos por las primeras calles de Maputo cuando ya estabas diciendo que a ver si mañana empezábamos el replanteo de la maternidad. Una vez me dijeron que tenían un cacho de corazón al otro lado del mundo y yo contesté que tenía un cacho de mundo al otro lado del corazón. Es Muhalaze,
un cacho de Muhalaze que me lleva el oxígeno por la aorta que empieza más allá del mercado de Bemfica, a la izquierda de la carretera, donde sale el camino de tierra entre puestos de cocos y naranjas, donde compramos varios astiles para los azadones con que íbamos a capinar (limpiar los yerbajos, en portugués) la zona al lado del centro de salud en que presumiblemente iba a ir un huerto como el del otro lado, que tiene hasta fresas, ¡fresas aquí!, por la aorta que sale de mi ventrículo izquierdo para no volver jamás a otro punto, siempre al horizonte, sangre presente y futura, hacia todas las partes de mi cuerpo que han de nutrirse con la impropia vida, es decir, la que pertenece del todo a los demás. Mi amor propio proviene de otra propiedad. Es impropio y ajeno, pero no lejano. Porque yo tengo un cacho de mundo al otro lado del corazón.
Muhalaze es mi hemoglobina.
Si algún día siguieses el camino que da alimento a cada una de mis células, verías el suelo de África en vez de plasma, y árboles de oxígeno en el lugar de los hematíes, luces limpias del Trópico como leucocitos, y plaquetas de amistades que coagulan en cada una de las heridas insufribles de mi alma. Son las que impiden que me desangre por fuera cuando por dentro me siento catarata. Necesito que curen la tremenda erosión que hace la insensible intacta emoción en el agua de mi alma sensible. Amistades que cuajan en mí, que me ponen la costra de la vida, cuando mi interior, con presión latente y latidos impresionantes, quiere salir de mí hacia la luz sin considerar que es imposible que me dé la vuelta del todo, que yo no doy más de sí, que sólo soy uno aunque partido en dos. Que desde fuera mis manos escriben lo que sucede dentro, para mi comunicación individual, cartas donde expongo cosas y amigos, admiraciones. Desde fuera, me busco en forma de palabras; me encuentro en las personas a quienes remito la carta.
Siempre será más lo que quede por decirse que lo dicho. Pero otro día, insisto, intentaré contar los capítulos que faltan de tu historia, y de la mía, Francis. Ahora iré acabando con el último día que nos vimos, Felismina, tú y yo. Fue en la casa de Luis Bastida, en Madrid, justo enfrente de donde pusieron una multa en zona verde al Seat Ibiza, que espero no llegue a Toledo (la multa, digo, no el coche, que aunque viejo y pequeño me sobra para llegar a donde estén mis amigos). Da igual, la verdadera zona verde que yo conozco me quita todas las multas, me refiero al color que tiene el zócalo de los edificios construidos por Aventura Solidaria en Muhalaze, verde. Allí fue donde conocí a Luis, también hace dos años, en fin, y luego coincidimos en Bilbao cuando llegó Felismina, fue él quien nos acercó a Madrid. Gracias, Luis. Tenemos proyectos juntos, como construir una escuela profesional, o un sistema de letrinas como el que me dijiste que utilizan los arquitectos en India. En ese piso de Madrid, ese 18 de Noviembre de 2.006, hablamos de muchas cosas, de mucho Mozambique. Felismina pintó y miró cuentos con las hijas de Luis, y vimos fotografías junto a Paz, amiga de Francis que vino a conocerla. En varias páginas cuya Latitud era todo sur había dedicatorias a corazón escritas como con letra de mano, o viceversa. Ya no sé qué escribe por mí, pero sé que los dedos no son en absoluto. Francis, dale las gracias a Elidio por el marco que te dio para mí, pero que no se te olvide en Bilbao la próxima vez que nos veamos (jeje).
Las últimas despedidas de ti son por teléfono. En ella me dijiste que estabas leyendo el principio del libro, allí donde apareces en una foto chocando la mano con una mujer de Muhalaze que te agradecía todo el día que se inauguraron el centro nutricional y el de salud, y querías agradecerme las letras a mano que sólo tu ejemplar tiene. Te dije que siempre son demasiado cortas cuando hablo de ti, que África, para mí, más que un continente es un contenido, de amistades profundas como tú. Pero no te he dicho nunca que lo más África que conozco eres tú, y que te asocio con ella más que ella misma. Cuando veo en un periódico esa palabra, o en la televisión, sé que te pertenece y la imagino con tu cara. ¿Sabes? siempre he estado enamorado de África más que de ninguna otra cosa (bueno, junto a las dos chicas que más han afilado los versos de mi vida), de la palabra sabana y los animales, de la pobreza, a quien quiero a pesar de lo que significa porque hace sacar lo mejor del mundo de quien lo tiene, siempre he amado África, quizá por haber leído a Julio Verne, o por la historia de David Livingstone que conocí de muy pequeño, siempre la he querido en infinito, incluso sin conocer a nadie de ella. Así que imagínate ahora, que la he pisado y sentido que ella me pisaba; imagínate siempre, que ya soy sólo la huella que ella me dejó.
Desde y para siempre, ¿sabes? Sobre todo desde que puedo hacer mía la primera frase de “Memorias de África”. Ese “yo tengo una casa en África” me emocionaba tanto que me dolía no ser yo quien lo había escrito. Ahora es mejor, porque lo he sentido más allá de las palabras. Tú puedes escribirlo, Francis, y te agradezco la invitación a la Rúa Mukumbura, 249, de Maputo, donde espero verte pronto.
También te digo que te tomo la palabra en eso de la habitación sobre el mar Mediterráneo, en verano, cuando vengas a España para, entre otras cosas, coger las medicinas que te hacen falta. Espero que me enseñes las mismas aguas que te empujaron hacia Mozambique. Es una larga historia la de por qué, caballero navegante, se te ocurrió tu “Aventura Solidaria” en medio del mar, pero esa, ya he dicho, la contaré otro día. Se titulará, supongo que ya lo imaginas: “El novio del mar”.
En esas nos despedimos, por teléfono, unas horas antes de tu vuelo.
Cada vez que vuelves a Mozambique, vuelves conmigo, que me quedo más que solo, con continente pero sin contenido esperando ya a tu mano de nuevo en el aeropuerto, descargar mi maleta otra vez en África, pedirte de nuevo ínsulas de Barataria donde construir nuevas maternidades o escuelas de oficios, como en mi corazón, que nace allí cada vez y que lo aprende de nuevo todo allí, y ser tu escudero, hacia la mancha de solidaridad entre la grandeza absoluta -donde veo a tu ser gigante luchar contra el viento de los molinos de la pobreza- que se llama Muhalaze.
Espérame pronto, espero. Además, recuerda que yo también he de ir allí a por las medicinas de mi corazón.
20/10/2006
PEQUEÑO áfrica

(Hoy, 20 de octubre de 2.006, un David de África, un verdadero David del Sur, hijo de mi amigo Benny, cumple su primer año de vida)(Hace más de un año que no piso Mozambique, por lo que aún no lo conozco y ni siquiera tengo una foto suya)(En la foto, Alexandre, el otro hijo de Benny)
.
¡¡PARABENS, DAVIDINHO!!
.
.
NO HABRÁ tarta de cumpleAÑO en su mesa, quizá ni mesa,
.
no habrá cintas que envuelvan una jirafa de peluche, ni piñatas llenas de caramelos, ni niños que jueguen al escondite que no sean las propias piñatas y los caramelos, buscándose mutuamente (y a sí mismos), ni alfombras mágicas, ni lámparas
.
maravillosas por poder alumbrar, maravilladas por ello, maravillándose de él
.
(dado a luz)
.
ni habrá amigas que se llamen Alicia en su fiesta, no habrá fiesta, ni reinas a través de espejos, ni espejos, ni un país de las maravillas a su alrededor, ni las maravillas clásicas alrededor del país
.
(Mozambique se llama)
.
donde hace un año, 20 de octubre, 2.005, veía por primera vez la luz, sin lámparas ni reflejos, no habrá reflejos, la luz de las dos y cinco del mediodía, ésa luz, luz que sólo ve un niño recién nacido, el resto lo vemos todo menos la luz (que llamamos invisible), vemos las mesas, vemos las tartas, no vemos la luz, vemos los peluches, vemos los globos, no vemos el aire, vemos el alrededor de las cosas
.
y no vemos su centro. Vemos los paréntesis. (No vemos el corazón de los paréntesis).
.
Él ve los colores de la vida, más que a las nubes el azul detrás, a Mozambique de verde, la tierra color ladrillo de África
.
(ahh África)
.
y los sonidos que se apagan de los petirrojos de Swynnerton, que se están extinguiendo mientras él empieza a distinguir los tonos de la vida, el aire en los pulmones recién abiertos, una mano que lo eleva
.
(y)
llora, caen
dos Limpopos por sus mejillas, como dos meandros de besos, que lo ciegan, que lo cubren, ciego en las fuentes, fuentes de la vida, en los primeros ojos
las lágrimas saben a mar
.
la mano lo abraza, otra le sujeta la cabeza por detrás, no conoce su espalda todavía, cree que todo lo tiene delante, que todo es tan inocente que lo alcanza, que todo respira igual que él, que él es todo, que no se le escapa nada,
.
(está desnudo el niño ante el mundo)
.
la mano lo envuelve en un trapo viejo, el padre es viejo, la madre es vieja, es viejo el continente, la vieja África, el trapo que lo contiene es África, niño contenido por todo lo viejo, tu continente es tu piel, pequeño David, tu piel es África, estás dentro y debajo de África, estás al borde de ella como el contorno de dos océanos y dos mares, Mediterráneo el latido Rojo de tu corazón, índico y atlántico
.
en el color de los ojos por donde emerges al color ladrillo de la tierra, tu piel es la tierra, que se hizo vertical, ya no plana, ya no redonda, la tierra en que te levantas cuando los pájaros sueñan aún en los baobabs, cuando aprendes a andar por encima del mundo y
.
(ahh pequeño África)
.
sales del borde de mis dedos para vivir por ti mismo creciéndote y dejándome la cabeza y la mano llenas de tus pisadas.
18/10/2006
sólo ELENA

Foto 1: el poblado de Muhalaze le agradece a Elena que sea Elena.
Foto 2: “No te vayas de Muhalazeeeee!”
Foto 3: Luisa, Elena, y las maletas de medicinas y utensilios que se colaron por 3 aeropuertos.
(con motivo de la visita de Elena a Felismina en Guadamur, cosas que yo tenía que decir)
.
.
CUANDO entró por la puerta, empezó a recordarme el olor de Muhalaze, las frondosas copas de los canhueiros tras la estación de las lluvias, y el mar de arena, el mar que acoge huellas cuyas formas no siempre corresponden a las de los pies que se hunden en su olvido. No es que el suelo de la sabana se trague las pisadas de los niños descalzos, sino que, al contrario, no deja que se planten en él para crecer, lo que hace que irremisiblemente, estos niños, no tengan nutrientes para sus raíces, cosa que aprovechará el viento del tiempo para deshacerlos en mínimas fibras de atmósfera.
Cuando entró por la puerta, viví en el poema 5 de Neruda, “…mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas”. Elena Cruz (será Cruz del Sur, aunque ella nunca me dijo su segundo apellido) traía en la mente a cada uno de los niños que cura en África y a los que alumbra, ella, que es constelación (la Cruz del Sur es la constelación más maravillosa de todo el cielo, un cielo sin hemisferios) su noche, cuando es más difícil. Traía en la cabeza la enfermedad y la posible forma de curar a cada niño de su problema concreto, y traía en la cabeza a niños que ya se habían hecho definitivamente aire, que ya se habían vuelto más ligeros que el suelo de África, niños ya sin curación. Elena entró por la puerta de mi casa con Muhalaze en la cabeza y en el corazón, y eso lo noté yo cuando las baldosas del salón se volvieron de arena, pero sobre todo cuando, poco después, Felismina, que dormía la siesta en el sillón cuando Elena entraba, pisó descalza y al momento sus huellas se adelgazaron como con nostalgia de tanto tiempo sin sentir el dulce peso de esta niña en sus amargos granos.
A Felismina la curaba ella cuando estaba allí, antes de volar hacia España.
De mis viajes sólo me gusta traer recuerdos que fueron vivos en África: arena, piedras, un pedazo de bloco como los que construyeron la maternidad de Muhalaze, un palo seco de canhueiro, o un fruto de acacia, arqueado, con sus dos extremos mirando hacia ti, como una espada que no quiere matar a nadie, con sus semillas dentro y todo. África vive en mi casa en estos seres muertos que a mí me recuerdan que ella está viva. La parte dura y telúrica de África está sobre la mesa de mi habitación. Pero todo eso lo cambio por una sola visita de un recuerdo de verdad vivo de África.
Elena.
Se sentó con Felismina, que tardó en pronunciar una palabra, entre la timidez primera que le entra y los nublados de la siesta todavía sin irse. Por fin, cuando rompió, Elena le habló de Clara y de Artemisa, que el año que viene empezará la escuela, de Bernardette y de Gina, la pequeña como un pájaro, de Fránçes…. (ay, Fránçes, confieso que me acuerdo de ti más que de ningún otro niño), de Emilia, Herminia y Cremilde, quienes cuidan a los niños del centro nutricional de Muhalaze, de mamá Isabel, cocinera, de Fátima, la de la sonrisa en la cara, la que traduce en el consultorio médico el ronga de los enfermos a portugués, la que dice a la hermana Elena: a éste le pasa esto y a aquel aquello.
Porque Elena, la hermana Elena, esta Elena que trajo África a mi casa, es la persona más buena del mundo. Quizás las haya tan buenas como ella, pero no mejores. Me da igual que esto suene a sensiblero, que parezca hasta tonto, y que no me preocupe para nada si lo digo de modo literario o no. Ahora mismo me dan igual todas las palabras menos una: Elena.
Yo la he visto en un puesto de salud (levantado gracias a Francis y su "Aventura Solidaria") que la tiene sólo a ella, pues carece de casi toda medicina menos una: Elena. He visto a decenas de personas que después de caminatas descalzas a través de los kilómetros, se agolpan en la puerta, o se tumban bajo un árbol a esperar, para que ella, Elena, les cure las heridas, las quemaduras, o el inquebrantable dolor. He visto, cada miércoles, coger a los enfermos graves que ella, Elena, no puede curar, y llevarlos en su pequeño coche al hospital de Maputo. He visto atendidas, en épocas de malaria, a más de 1.000 personas en un mes, por una persona sola, sólo Elena.
Elena, la hermana Elena, esta Elena que trajo África a mi casa, Elena la enfermera.
Le he visto pasar consulta de siete y media a tres, dar luego unos pasos, hasta el centro nutricional (en Muhalaze están juntos el centro y el puesto de salud) y comerse el mismo plato que dos horas antes han comido los niños: quizás un poco de arroz, o xima, con algo de verdura. Le he visto dar un poco de ese plato suyo, ya escaso de por sí, a algún niño de los que todavía andaba por allí correteando sin irse a su casa. Le he visto recoger y limpiar el puesto de salud, montar en el coche a los niños más pequeños que acuden al centro nutricional, y a los que nadie va a recoger, montar a cuantos niños cupiesen en el coche y repartirlos por el camino en mitad de la sabana, haciendo paradas aquí o allá según donde estuviese la cabaña de cada uno, que ella se sabía de memoria: aquí el árbol donde dejamos a Alexandre, aquí el de Fránçes, en este se bajan fulanito y menganito… (he visto a su coche quedarse casi encajado en la arena, por llevar, un día que me dejó conducir a mí, a 9 adultos y 6 niños, en un coche de apenas 5 plazas). He visto caer la noche en el Trópico de Capricornio, desde su coche, con ella repartiendo a algún niño todavía.
La he visto siempre riendo, animando al enfermo más triste. La he visto con una guitarra cantando “La tuna compostelana”, o “No te vayas de Navarra” (de su Navarra, donde nació, de donde nunca se ha ido, pues Navarra va con ella), la última vez que la vi en Mozambique. Aunque a todos nos llenaba la pena, ella nos arrancó sonrisas y canciones aquella tarde.
Su nombre completo es Blanca Elena, aunque podría escribirse el primero con minúscula, pues el epíteto “blanca” la caracteriza, blanca Elena. Pero nosotros la llamamos sólo Elena, o irmá Elena, como los niños de Muhalaze, que viene del griego y significa “antorcha”, pues realmente ilumina ese rincón de África. No podía llamarse de otro modo.
Gracias a ella he visto tantas cosas que no se ven… tantos horizontes inabarcables pero alcanzados dentro de ella misma… tantas cúspides tenidas por insuperables hasta que detrás de ellas salía el sol rebasándolas… He visto demasiadas cosas para la vista sólo, de modo que empecé a percibir sus luces con el resto de sentidos: el olor de Muhalaze, la sonrisa en clave de sol, la música en el tacto de la guitarra, el sabor de los niños desnutridos que se mantienen en el centro nutricional… Todo esto he visto, aunque es imposible demostrarlo, no hay fotografías que revelen su esencia, ni palabras ni poemas que la reflejen aunque rebosen de sinestesias.
Y la he visto en mi casa, con Dulce -una amiga que la acompañó-, con mi madre, con Luisa (no una amiga, sino, como Elena, más que una amiga, con la que puedo compartir todo esto, porque ella lo sabe, mejor que yo sin duda, al haber estado junto a Elena en Muhalaze, curando a gente ambas, médico y medicina). Dimos un paseo por el pueblo. 16 de octubre de 2006, por la tarde. Poco tiempo. Pero a ella la esperaban en África, donde volvía al día siguiente. Recuerdos para unos y otros. Hasta prontos. Que la próxima vez nos veamos en Muhalaze.
Paradójicamente, cuando siento más, y más hondo, cuando tengo más cosas que decir, no me salen. Quisiera presentaros a Elena a todos, pero es imposible, se me adelgazan las palabras como huellas y como gaviotas que se alejan, sé que no lo lograría. Mi escritura es sólo un vehículo, pero no como el de Elena, donde cabe tanto bien y tanta gente. Escribo hojas, aunque nunca sacaré la raíz.
El mundo jamás se hará palabra. Y aunque lo sé, me siento derrotado por no saber expresar lo más mínimo la presencia de personas que hacen un mundo. Cuando llegue el momento en que me hagan el resumen de mi vida, espero que (olvidando un poco todo lo que hice mal) pongan sólo énfasis en que lo más alto que logré fue encontrar a algunas personas a quienes quise parecerme, con quienes compartí lo único que en mí había, por quienes di cuenta de que mi vida mereció la pena de vivirse feliz y pobremente.
Nada más. De mí digan que escribí una palabra que hace un mundo: Elena.
02/09/2006
CALIDAD DE PLANETA

a asunto de la degradación de Plutón
Me da miedo, Mozambique, de que
por tu condición de lejanía,
de pobreza radiante (que otra cosa
no es tu apagado fulgor),
y de que por no reunir un desarrollo característico,
se te deje de considerar país
al uso, o incluso tierra, que es peor.
Me da miedo que un grupo de los más
sabios que alcancen a decidir qué celeste
cuerpo merece la calidad de "planeta",
se reúna en Praga, en Toronto, en Yokohama...
y decida, en vista de que hace una falta terrible
un telescopio para verte bien,
retirarte el documento de identidad de nación.
No creas que sólo tú me preocupas,
sé que estás al mismo nivel que la Tierra
(pues es tan pobre ésta al menos
como el más bajo de sus lugares),
y me da miedo un mundo, donde,
poco a poco,
el escalón de las aguas destruya
Venecia, el índice natal de los bosques
se incendie, el aire se encierre en sí mismo como un
invernadero de oxígeno viejo,
y el color de la Tierra desde el borde exterior
se ahogue en un completo azul marino
que oscurezca a cielo y suelo con los mares
confundiéndolo todo en la materia
vacía, en sombra, del cosmos.
Me da miedo irme sin llorar a ese hielo
que lleva cientos de años congelado en los polos
(fíjate que hay gotas de agua que ya
estaban construyendo catedrales blancas
antes que Chartres coronada de agujas).
Tengo auténtico espanto por el hecho
de que mi propia especie está deshaciendo
no sólo el Globo, sino el Sistema Solar,
porque al paso que van las cosas, habrá
que quitar a países la categoría de tales
para que haya menos competencia por el aire
limpio, o por el agua, que ya será muy escaso.
Se irá reduciendo el concepto de hombre:
desaparecerán primero los últimos.
Dirán que África es un astro que vino
a aplastar un parte de superficie fértil,
y que hay que desterrarla de la Tierra, para
que limpia de baldíos renazca la verdura
de un planeta mutilado: éste que es inciso.
Me da miedo que la falta de habitabilidad
lleve a pensar a los sabios
que, últimamente, sobran
habitantes en un mundo reduciéndose.
Han empezado por Plutón, que a su luna,
Caronte, le habrá dado el óbolo para cruzar el Hades
del universo en que no cabe distinguido.
Me preocupa el caso por la acción de precedente,
ya que hará jurisprudencia en el tribunal estelar.
Dentro de un tiempo (no sólo el espacio es relativo)
le llegará el turno al Planeta Azul
(lo escribo con mayúsculas por el placer de sentir
en las palabras la atmósfera de este medio
ambiente que es mi Casa y mi Madre,
antes que la polución lo haga indigno
de los miembros familiares de mi especie).
Me da miedo, Mozambique, que fuera de la órbita
considerada en este mundo, se te degrade a "país
enano". Me da miedo esta espiral,
porque es cierto, radiante de pobreza,
que tu "gravedad", tan azul, transparente
pesa muy poco.
Me da miedo que pierdas la "calidad" de tierra,
en un congreso en Praga, Toronto o Yokohama,
¿por qué no se reúnen los sabios en tus casas,
donde el Sistema solar es la calidez de los hombres?
Si han de acabar contigo, desTerrándonos
(de la Tierra con mayúsculas) juntos,
quiero salir de este mundo con mi D.N.I. caducado,
dejar de ser hombre por el espacio infinito,
ser coherente con todo lo que amo,
es decir, unirme a los astros a dar vueltas vacías
para sentir qué inmenso fui, y qué dichoso,
y quedarme hasta la eternidad muriendo porque así
no podría acabar con mi vida (tu embajada en la soledad)
ni la inmensa nostalgia de un planeta sin ti.
26/08/2006
LA MANO DE ÁFRICA QUE PIDO EL 26 DE AGOSTO
